Setembre 5, 2021
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Daniel Esteve, director de la empresa Desokupa, en una reciente intervención televisiva.

Por Gessamí Fornen – Publicado en El Salto – 3/9/2021

“Desokupa es una organización criminal que delinque a conciencia para enriquecerse”, afirma a El Salto un extrabajador que prefiere no dar su nombre. Asegura que desea contar su paso por Desokupa “porque lo que está haciendo es completamente ilegal y ha hecho daño a gente”, insiste sobre su experiencia laboral de más de un año en la empresa que dirige Daniel Esteve.

El extrabajador habla de mentiras, engaños, policías corruptos, fingir ser un policía, chivatazos, despidos, marihuana, cocaína, dinero e ínfulas. Añade un Porsche Cayenne de antecedente. “Lo más relevante es que es un criminal y no entiendo por qué no hay una investigación sobre él”, agrega sobre la impunidad que rodea al gerente de la empresa de desalojos. “Entiendo que la policía lo consiente porque tiene carta blanca”, acusa.

Este antiguo empleado intuye que Esteve “está haciendo dinero para marcharse, antes de que las causas judiciales se le acumulen y se transformen en condenas”, y que la pandemia ha frenado sus ingresos debido a los decretos antidesahucios promovidos por el Gobierno y la ley catalana que regula el precio de los alquileres. “Busca nuevos mercados: Madrid, Ibiza, Tenerife”. Recientemente acudió a Madrid, donde amedrentó a una legítima inquilina, la insultó públicamente y alentó el racismo sobre ella. La historia de la supuesta abuela okupada, Carmen, se hizo viral. Quizá el paripé que organizó la familia tenga consecuencias —como perder el alquiler de renta antigua que tiene Carmen cerca de la plaza Mayor de Madrid—, pero son poco probables para Desokupa, quien alimentó el bulo hasta llevarlo al prime time televisivo.

El abogado Andrés García, miembro del colectivo Irídia y del despacho de abogados Baula, también se muestra crítico con la inacción policial y judicial: “Es necesaria una investigación, hay patrones comunes de actuación en los que se está produciendo una práctica de desalojos extrajudiciales en un clima de intimidación. La dejación de funciones por parte de policía y fiscalía conlleva una desprotección ciudadana ante esta empresa y otras”.

Policías corruptos

Las acusaciones que el extrabajador vierte sobre Desokupa implican a dos cuerpos policiales: “Un agente de los Mossos d’Esquadra y otro de la Policía Nacional acuden a veces a desocupaciones para intimidar a inquilinos. No van uniformados, pero les muestran su placa. Y Daniel Esteve les paga por sus servicios”, indica sobre un procedimiento que, asegura, se ejerce con opacidad. “En una desocupación le da igual todo, sobre todo cuando es un edificio: a diez viviendas por portal, en una mañana se puede sacar más de 30.000 euros”. Ningún policía puede utilizar su placa para fines que no estén incluidos en su trabajo, ni cobrar por ello un sobresueldo.

Extrabajadores de Desokupa creen que la empresa tiene a sueldo a un policía nacional y un mosso d’esquadra; los cuerpos lo niegan y aseguran que, de ser así, se les abriría una investigación por prácticas ilegales

Otro extrabajador reitera la acusación, también desde el anonimato: “No les he llegado a conocer, pero según compañeros que sí han estado presentes, son un policía nacional y un mosso. Muchos okupas son extranjeros sin papeles y cuando ven una placa, se asustan”. Se suma a las advertencias de la ilegalidad de los métodos de Desokupa y resume que, “cuando necesitas el trabajo, tienes una responsabilidad para hacerlo, pero alguna vez le llegué a decir [a Daniel Esteve] que esto no es legal”. El Salto se ha puesto en contacto con tres extrabajadores; uno no ha querido hablar.

Ante dichas acusaciones, Mossos d’Esquadra indican que no les consta que exista un agente que realice esta “práctica ilegal” y que si lo hubiera, “se le abriría una investigación”. Ante la pregunta de si existe una investigación abierta o denuncias contra Desokupa, recuerdan que nunca informan sobre investigaciones en curso, por lo que si la hubiera, no podrían confirmarlo. A la delegación de la Policía Nacional en Catalunya tampoco le consta que tengan un agente corrupto entre el cuerpo y que, de ser así, le abrirían expediente, aseguran. No tienen ninguna investigación abierta contra Esteve y Desokupa.

Primer juicio contra Desokupa

Fingir ser un policía es más sencillo de contrastar. Daniel Esteve y sus trabajadores se sirven de placas falsas para coaccionar a los inquilinos que pretenden sacar de las viviendas que habitan. “Se identificaron y mostraron la placa que te regalan con los cereales, por lo que deduje que era falsa. Les dije que me dejaran verla y la escondieron”, explica José Luis Sánchez, quien ocupó una vivienda de Terrassa y se encontró con Desokupa en la puerta.

Narra un caso tipo: fase de vigilancia —de la que él y su compañero no eran conscientes—, fase de negociación con coacciones, amenazas y mentiras y, por último, cuatro hombres corpulentos se personaron en su puerta. Los hechos ocurrieron el 23 de noviembre de 2018 y Sánchez contó con el apoyo de la plataforma Solidaritat AntiRepressiva de Terrassa y el asesoramiento jurídico de la abogada Pilar Rodríguez. Pero fue el atestado que elaboraron los Mossos d’Esquadra lo que marcó la diferencia respecto a otros casos que han sido archivados; su denuncia por coacciones y amenazas contra Daniel Esteve y tres trabajadores de Desokupa prosperó. El pasado abril se celebró el juicio; la sentencia de junio fue absolutoria. Está recurrida ante la Audiencia de Barcelona.

La letrada señala que “es el primer caso que he visto contra Desokupa en el que un cuerpo policial certifica coacciones, tanto en el atestado como en el juicio. La fiscalía se puso de nuestra parte. Sin embargo, la magistrada optó por absolverles al considerar que se trataba de una confrontación mutua por un acuerdo previo”.

El atestado es claro sobre el día de los hechos: los agentes informaron a Esteve y a uno de sus trabajadores que “esta no es la manera de recuperar una vivienda”, que “deberían interponer una denuncia ante el juzgado o en dependencias policiales”, dado que “lo que está haciendo la empresa Desokupa podría constituir delitos penales”. A lo cual Esteve respondió que “no nos iremos, llevamos 2.000 desocupaciones y no hemos tenido ni una condena por la manera como actuamos de quedarnos en la puerta y no dejar entrar a la gente”. Los Mossos solicitaron refuerzos, que volvieron a explicarles a los cuatro hombres lo mismo. Se fueron y ya no volvieron.

Días antes, Desokupa había fotografiado a los inquilinos en sus salidas y entradas. “Me enseñaron fotos y eso me dio miedo”, asegura Sánchez. De la fase de negociación se encargó personalmente Daniel Esteve. Le contó milongas, le intimidó con falsedades, intentó llegar a un acuerdo ofreciéndole dinero supuestamente en nombre del propietario, nombró a la Guardia Civil: “Te tengo que enseñar un mensaje de la Guardia Civil que no te va a hacer gracia, pero bueno, si se mantiene el pacto no pasa nada”, se escucha en el séptimo audio que Esteve le envió a Sánchez.

Tras ponerse en manos de una abogada, algo que no todos los inquilinos pueden hacer, esta le recomendó cortar la comunicación. Cuando Sánchez se lo trasladó a Esteve, recibió el siguiente audio: “Vale, me parece muy bien, ya no hace falta que sigamos hablando de nada, voy a meter todo lo que tengo encima de la mesa con Guardia Civil y Juzgado de Guardia y os lo vais a comer con patatas porque obviamente desokupar la finca lo voy a hacer. Suerte”. Enfatizó comer con patatas y obviamente.

En la última fase, cara a cara, la tensión creció. El compañero de Sánchez esquivó el control que Desokupa puso en la puerta para no dejarles entrar ni salir, y entró por la puerta de atrás tras salir a pasear al perro. Al darse cuenta, los miembros de Desokupa “se pusieron nerviosos e intentaron abrir la puerta con una radiografía”. Los inquilinos lo evitaron y se quedaron con ella. Por último, Desokupa contó a los Mossos que los inquilinos tenían una plantación de marihuana en el interior y que habían realizado una modificación estructural de la vivienda sin permiso. Ambas cosas son ilegales; otra estratagema más de Desokupa. Los inquilinos invitaron a pasar a los mossos, los cuales comprobaron la falsedad de las acusaciones y así lo constaron en el atestado.

El despacho Baula de Barcelona ha denunciado otros dos casos de desalojos extrajudiciales de Desokupa, de los que aún no tienen noticias. El abogado Daniel Amelang, de Red Jurídica, despacho de Madrid, ha presentado cuatro denuncias, todas se archivaron. “No ha habido forma de acreditar las amenazas y coacciones, porque no había testigos ni vídeos. Y aunque los hubiera, es difícil identificar quién las realiza”, resume el letrado. Sin una investigación policial que avale frente a un magistrado una mala praxis recurrente en estas empresas resulta complicado que un caso esporádico que llegue a judicializarse obtenga una sentencia condenatoria.

“Creemos que la iniciativa de investigar a Desokupa y este tipo de empresas no debería recaer en eventuales víctimas de la sociedad civil, sino que los cuerpos policiales y la fiscalía deberían destinar medios y esfuerzos para determinar si este modo de funcionar es lícito o delictivo”, agrega Andrés García, del despacho Baula.

1,7 millones de euros en 2019

El primer extrabajador entrevistado añade que “Daniel Esteve engaña a las cuatro partes: al cliente, al okupa, a la Policía y a los trabajadores. Se enzarza a discutir por teléfono, es una persona agresiva, amenaza e insulta como si fuera un chaval de la calle de 16 años, los nervios le pueden y apenas duerme”.

Al menos seis trabajadores de la empresa paralela de Desokupa, DEM Urbanas, denunciaron a Daniel Esteve por irregularidades en sus contratos

En cuanto a las mentiras a los trabajadores, al menos seis trabajadores de la empresa paralela de Desokupa, DEM Urbanas, denunciaron a Daniel Esteve por irregularidades en sus contratos. Llegaron a un acuerdo extrajudicial. “Hubo semanas que llegué a trabajar 100 horas, vigilando obras varios días seguidos. Por una casualidad, me di cuenta de que estaba dado de alta en la Seguridad Social solo 12 horas a la semana. Le pedí que al menos me diera de alta por 40 horas”, explica el otro extrabajador. Tras intentar regularizar su situación sin éxito, denunció a su jefe.

Con las demandas en el horizonte, o ante la previsión de que estas llegarían, Daniel Esteve modificó la estructura legal de DEM Urbanas: el 13 de noviembre de 2020, Norberto de Sansimón sustituyó a Daniel Esteve como administrador único de esta empresa. Se trata de un liquidador. Figura como administrador único de un total de 16 empresas y consta como liquidador de otras 29.

DEM Urbanas “llegó a tener hasta 90 trabajadores”, explican ambos extrabajadores, “es la empresa que realiza vigilancias de edificios y obras; quedan alrededor de quince”.

Daniel Esteve tiene o ha tenido cargos en diez empresas. La más importante es Conciencia y Respeto 1970. A través de ella facturó en 2018 un millón (1.081.579 euros), que ascendió a 1,7 millones en 2019. El activo corriente —los bienes y derechos que se pueden convertir en ingresos en un plazo menor a un año— se elevaba a 629.588 euros. No consta el informe económico de 2020.

El Porsche Cayenne y los testículos de su compañero

El extrabajador asegura que la actividad empresarial de Esteve empezó hace más de diez años, cobrando a morosos. “Ahí empezó a extorsionar, agredir, destrozar vehículos. Hubo una investigación al más alto nivel, con una persecución policial en la que los Mossos acabaron tirando una granada aturdidora a su coche y su compañero perdió un testículo”.

Exactamente, la persecución tuvo lugar por el Passeig de la Ribera de Castelldefels, en 2008, y el mosso fue condenado a un año de cárcel por la Audiencia de Barcelona por un delito de lesiones, que recurrió ante el Tribunal Supremo. Por la explosión de la granada que el mosso tiró desde el coche patrulla al interior del Porsche Cayenne, que se negó a parar, el compañero de Daniel Esteve perdió el testículo derecho y el 75% del izquierdo; quedó estéril, indica la sentencia facilitada por el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya.

“Daniel Esteve hace cosas ilegales todo el rato: se hace pasar por policía, amenaza, coacciona a las personas que están ocupando, engaña deliberadamente a todas las partes implicadas, ha cortado la luz, el agua, el gas, no ha dejado entrar a repartidores, realiza controles de acceso en la puerta, lo cual también es ilegal”, afirma un extrabajador de Desokupa

La Unidad de Secuestros y Extorsiones solicitó la intervención del Grupo Especial de Intervención de los Mossos d’Esquadra para proceder a la detención. “El acusado planeó la detención obedeciendo a la información que se les había facilitado respecto a los sujetos investigados, que son descritos como gente muy agresiva que domina las artes marciales, muy corpulentos y que es posible que tengan armas, tras valorar las circunstancias concurrentes, se descartó entrar en el domicilio”, señala la sentencia. El compañero de Esteve había sido detenido previamente acusado de delitos de detención ilegal, amenazas, vejaciones y asociación ilícita; Esteve figura en al menos dos detenciones de los Mossos por detención ilegal, amenazas, extorsión y entrada en vivienda ajena.

“Cosas ilegales”

“Daniel Esteve hace cosas ilegales todo el rato: se hace pasar por policía, amenaza, coacciona a las personas que están ocupando, engaña deliberadamente a todas las partes implicadas, ha simulado situaciones muy chungas [describe algunas a la periodista, le pide que no las escriba para que no se le reconozca], ha cortado la luz, el agua, el gas, no ha dejado entrar a repartidores, realiza controles de acceso en la puerta, lo cual también es ilegal. Se lleva dinero, drogas, todo lo que te puedes imaginar y entiendo que la policía lo consiente porque tiene carta blanca. Porque todo es ilegal. He visto muchas cosas. Y todos lo que aparecen en sus vídeos saben que es ilegal y lo hacen a conciencia por una compensación económica y, ¿por qué más? ¿Por la fama? Puede ser. A Daniel Esteve la fama le vuelve loco”, asegura el extrabajador.

En una de sus intervenciones televisivas recientes, en la cadena Tele5, el inspector de la Policía Nacional, José María Benito, le dijo en directo a Daniel Esteve: “Si mañana me ocupan la casa, te voy a llamar a ti”.

El extrabajador considera que Esteve podría ser un informante de la policía. “Son rumores, pero se cree que es un informador. Toda la vida ha estado robando y haciendo el hijo de puta. A su alrededor han caído todos, menos él”.

Daniel Esteve, dueño de la empresa Desokupa, lidera una campaña contra una joven marroquí y alimenta el embuste de que ha echado a una mujer de 89 años de su piso

Dvd1069(31/08/21) Carmen Franquelio posa en el salon del domicilio de su hermano en el Madrileño barrio de Lavapies , Madrid Foto: Víctor Sainz

Por Fernando Peinado y Patricia Peiró. Publicado en El País – 3/9/2021

En agosto, lo sucedido dentro de un viejo inmueble muy próximo a la Plaza Mayor de Madrid llamó la atención de medios de comunicación y redes sociales. Los titulares eran muy llamativos: Carmen, una mujer mayor de casi 90 años, había perdido su piso a manos de su cuidadora, una joven marroquí de 26. Un caso perfecto para despertar la indignación popular. Pero la realidad es muy diferente: la joven es ahora víctima de acoso en redes sociales y de escraches sin haber cometido irregularidad alguna, como sostiene la Policía, que ha tenido que actuar en su defensa. Y en medio del caso, interviene Daniel Esteve, dueño de la empresa Desokupa, para atizar el odio al inmigrante en sus redes, organizar manifestaciones, amenazar a la joven y de paso hacer publicidad de su compañía.

Un hecho significativo de hasta qué punto ha llegado el falso montaje es que Esteve conoce la verdad y no le interesa. Lo suyo es ofrecerse como el paladín de las “desokupaciones”. Este barcelonés nacido en 1970 fue boxeador, portero de discoteca y dueño de un negocio de cobro de morosos antes de fundar la empresa más mediática de las surgidas en España al calor de una falsa alarma social sobre allanamientos de morada. Dice haber llevado cerca de 7.000 “desokupaciones” desde 2016. “Nunca, nunca había tenido tantos mensajes de apoyo, de ánimo, de condena hacia la okupante”, afirmó el viernes en un vídeo en sus redes sociales, donde tiene cientos de miles de seguidores. Pero sabe que lo que dice en el vídeo no es verdad: la joven inmigrante no es una okupa.

DVD 1069 (01/09/2021)
Representante de Desokupa atendiendo a los medios de comunicación durante el escrache.
David Expósito

Y lo sabe por la Policía. Él estaba delante cuando los agentes comprobaron, mediante la documentación aportada por ambas partes enfrentadas, que la versión de la chica marroquí era la que se sostenía, como confirma a este periódico. La actuación de intermediación en conflictos inmobiliarios está permitida por la ley, pero en un mensaje a este periódico sobre este caso, fuentes de la Policía Nacional advierten de los comportamientos criminales de estas empresas: “Las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado alertan de las posibles actividades delictivas que pueden llevar a cabo algunas empresas de desocupación durante sus servicios, como coacciones, allanamiento de morada, lesiones y acoso”.

La realidad sobre lo sucedido en ese inmueble próximo a la Plaza Mayor es muy diferente.

La joven vive desde enero de 2017 en el piso, ubicado sobre uno de los soportales de la calle Toledo por donde antes de la pandemia pasaban ríos de turistas. Llegó desde Marruecos para estudiar Filología Hispánica en un programa conjunto de la Complutense y la Sorbona de París. A la mujer mayor le pagaba un alquiler de 400 euros por una de las dos habitaciones de la vivienda, según múltiples recibos mensuales que el abogado de la joven, Pablo Galdón, enseñó a este periódico.

La mujer mayor es Carmen Franquelo, de 89 años, y no es la propietaria del piso, sino una inquilina de renta antigua que ha habitado ese edificio desde 1946. Paga 121,5 euros, una cuantía que se actualiza anualmente con el dato oficial de inflación. En su contrato se prohíbe expresamente el subarriendo.

La propietaria del piso vive en Bilbao y durante años se ha limitado a cobrar la renta a pesar de que, según el abogado de la joven marroquí, Carmen ha estado alquilando una habitación a distintas personas durante años. Antes de la joven pasaron por allí un estudiante de Estados Unidos y un señor mayor, según ha contado la joven al abogado. La familia de Carmen niega que hayan alquilado alguna vez la vivienda o parte de ella.

Carmen se fue del piso cercano a la Plaza Mayor el 13 de marzo de 2019 para vivir con su hermano Teodoro en otro apartamento céntrico, no lejos de allí, según se lee en varias capturas de mensajes de WhatsApp entre la joven y su arrendadora.

A principios de 2021, la propietaria bilbaína descubrió que en el buzón de la vivienda aparecía el nombre de la joven. Según ha comprobado este periódico, la propietaria le mandó a Carmen un burofax el 15 de abril, anunciándole su intención de rescindir el contrato, a menos que probara que en él no vivían inquilinos. El 11 de mayo, Carmen contestó a la propietaria con una mentira que le envió por fax a Bilbao: “En mi casa las únicas personas que entran son mis nietas y alguna amiga de ellas. Son mujeres jóvenes que cuando salen los fines de semana y, porque viven lejos del centro, les resulta más cómodo quedarse a dormir conmigo en mi casa”.

Durante los tres meses siguientes, la joven inquilina siguió sola en el piso, desde donde ha teletrabajado para una multinacional, tras haber completado sus estudios. Pero la primera semana de agosto estalló el conflicto entre ella y los cuatro familiares de Carmen. Le dijeron que ellos se iban a mudar allí con la abuela y que debía irse. Le dieron por escrito un plazo de 30 días para dejar su alquiler, pero al ver que tardaba en encontrar otro piso, perdieron la paciencia. Querían deshacerse de la prueba viviente que les podía hacer perder para siempre la vivienda.

“Conozco gente en Extranjería”, amenazó Fernando Martín, el hijo de Carmen, en un audio. La joven tiene sus papeles en regla.

El 10 de agosto, la Policía se presentó en el piso para separarlos. Era el tercer día de peleas. A estas alturas, los agentes ya habían hablado con la propietaria y sabían lo que sucedía realmente. Le arrebataron las llaves a Begoña de la Cruz, la nuera de Carmen, y la pusieron en la calle. Carmen, como de costumbre, se encontraba en el piso de su hermano. La joven inquilina se quedó en la vivienda porque demostró tener un título válido.

Es entonces cuando la familia se inventó la gran farsa que ha sostenido hasta hoy. Mar Martín, de 25 años, nieta de Carmen, relata que llamó al número de denuncias de Telemadrid mientras se encontraba en una farmacia comprando ansiolíticos para sobrellevar toda esta situación. Había cola y toda la clientela se enteró de la conversación de la joven con la cadena de televisión. Según cuenta, un cliente le recomendó contactar con Desokupa. Ella se lo agradeció. “Me di la vuelta y todo el mundo me aplaudió, ¡ánimo!”, agrega. Llamó a la empresa y, asegura, le ofrecieron sus servicios gratuitamente.

Es en este momento de la historia cuando entra en acción Daniel Esteve, el propietario de Desokupa.

El ciclón mediático fue in crescendo hasta su apogeo el miércoles de la semana pasada, cuando Esteve se presentó en la puerta acompañado de la familia, cámaras, otros empleados de aspecto intimidante y un abogado. Esteve vestía un polo con el eslogan de su empresa: “Siempre fuertes”.

Confundiendo el título de la familia, Esteve aporréo la puerta: “Abogado de la propiedad”, se presentó. “Abres o te vas a meter en un lío porque de aquí nos vamos al juzgado a pedir tu detención inmediata”. La joven no abrió y llamó a la policía. Más tarde, los agentes le explicaron a Esteve y a su abogado la situación, según aseguran fuentes policiales. Si tenía alguna confusión sobre el caso, Esteve salió de dudas ese día.

Daniel Esteve, en una foto subida a la web de Desokupa.Daniel Esteve, en una foto subida a la web de Desokupa.

A pesar de ello, cuando la Policía se marchó, Esteve continuó con su campaña de acoso y derribo a la joven. “Disfruta, que esto acaba de empezar”, le dijo por WhatsApp al día siguiente. Añadió un enlace a la cuenta de Facebook de Desokupa. En él aparecían imágenes de ella robadas de Instagram, de su perfil cerrado al público, un delito de intromisión ilegítima en su imagen, según estableció el Tribunal Supremo en 2017. También revelaron la dirección del piso y la llamaron prostituta. Desokupa ha borrado estos mensajes, pero existen capturas de fotos y vídeos de todo lo que había publicado. La joven ha recibido por internet decenas de amenazas de muerte e insultos racistas.

Dile de mi parte que no salga a la calle

AVISO DE DANIEL ESTEVE A UNA AMIGA DE LA JOVEN

Esteve es consciente del riesgo porque en un audio del viernes pasado, una amiga de la joven le advirtió de ello. “Que está cagada, que le han enviado balas, navajas…”, le dice la amiga.

“Dile de mi parte que no salga a la calle”, le pide él.

En las conversaciones con la amiga de la joven, queda claro que Esteve solo está preocupado por su gloria. Insiste en que la joven le entregue la llave a él, probablemente para transmitirlo en directo a sus seguidores. Le dice que no quiere saber nada de la propietaria, y prefiere centrar su diana exclusivamente en la parte vulnerable e inocente.

El viernes pasado, Esteve seguía atacando a la joven en un vídeo en directo en sus redes sociales. Conectó por videoconferencia con la familia de la mujer mayor, a la que se refirió como “Carmen de España”. Al otro lado de la pantalla tenía a las cuatro personas que él ha escogido como aliados en este caso: el hijo, la nuera y dos nietas de Carmen. El líder de Desokupa ya sabía que se había equivocado de bando, pero seguía sin rectificar. Si alguien estaba cometiendo una ilicitud eran ellos, y no la joven. Ni la abuela Carmen vivía en el piso; ni la joven era su cuidadora, ni era una okupa. Al otro lado de la pantalla, los cuatro daban las gracias al famoso desokupador.

“En cuanto tengamos esa casa, tenéis la puerta abierta todos”, le dice la nuera, Begoña de la Cruz.

“Tú, tranquila, que nosotros las puertas las abrimos”, le responde él, de forma burlona.

El castillo de Desokupa y la familia de Carmen se empezó a desmoronar el fin de semana pasado, cuando OK Diario publicó que, según fuentes policiales, el conflicto real era entre Carmen y la propietaria, que había descubierto el subarriendo. Algunos simpatizantes de Desokupa le han reprochado a Esteve el error: “Creo que en esta ocasión os habéis equivocado, y os están utilizando”, decía una seguidora en Facebook, Myriam García Gasco.

Pero Esteve ha continuado su campaña contra la joven, a la que ahora acusa sin pruebas de un acuerdo con la propiedad para echar a Carmen. El miércoles por la mañana apareció en la puerta del edificio, donde sigue la joven, para acompañar a la familia de Carmen en un escrache que él mismo había anunciado en redes sociales la noche anterior.

“Nadie te quiere, a Carmen sí”; “una cuidadora es okupadora” y “sal ahora si tienes valor”, fueron algunos de los cánticos que miembros de la familia, amigos y unos 10 simpatizantes profirieron en el escrache, que fue autorizado por la delegación del Gobierno. Cinco cámaras de televisión estaban presentes.

Un negocio fructífero

A pesar de sus excesos, Esteve se está haciendo de oro. En 2019, facturó 1,7 millones de euros. Durante años ha sido impulsado por programas de televisión que lo han entrevistado, pero ya vuela solo. En YouTube, una red donde puede percibir ingresos por publicidad y donaciones, tiene cerca de 100.000 suscriptores. En Facebook, casi medio millón.

Su éxito refleja el miedo que ha calado en la sociedad española a los okupas, un término confuso que proviene de un movimiento de protesta de la izquierda que busca dar uso social a inmuebles abandonados. En realidad, si una persona entra en una casa sin permiso, la Policía puede tumbar la puerta y detenerlo, con orden judicial o sin ella, en casos claros de delito flagrante. Son casos extremadamente raros, que encajan con la figura del allanamiento de morada. La inmensa mayoría de okupaciones se produce en fincas de bancos y fondos de inversión donde no vive nadie. Muchas son viviendas con poco atractivo comercial y que han sido incapaces de venderse desde la crisis inmobiliaria de 2008. En estos casos se habla de un delito de usurpación.

Es por este motivo que Esteve suele tener como clientes a fondos y bancos, a pesar de que él se presenta como el gran defensor del pequeño propietario, según Carlos Castillo, abogado de la asociación PAH Madrid, que defiende el derecho a la vivienda digna y lleva varios casos de ese tipo relacionados con Desokupa. Otros clientes son pequeños caseros que buscan deshacerse de inquilinos que dejan de pagar.

Situaciones como la de Carmen, a pesar de ser un bulo, tienen resonancia en una sociedad como la española, donde cada vez hay más personas que sufren para pagar una vivienda. “Son casos cercanos para la gente porque son cosas que pasan en tu barrio”, dice Castillo, que percibe un interés en la derecha por fomentar este marco de confrontación. “El sujeto político al que atacar suele ser población vulnerable como los inmigrantes”. Vox tuiteó el bulo xenófobo de Carmen: “No descansaremos hasta que España sea al último sitio donde vendría un delincuente”.

Este miércoles en el escrache, Esteve llegó a las puertas del edificio caminando desde uno de los arcos de la Plaza Mayor, acompañado de cuatro de sus espantaokupas. Quizás al ver que la concentración había sido un fracaso de público (aunque no de presencia mediática), Esteve y los suyos se quedaron en un segundo plano y dejaron a la familia de Carmen gritando con un megáfono en dirección a los ventanales de la planta segunda, donde estaba la joven. “Hija de puta”, la insultaba un exaltado. “Es una marroquí asquerosa”.

“¿Esa es la humanidad que te enseña tu religión?”, decía otro.

Cuando el pequeño grupo empezaba a disolverse, apareció por allí un cartero que se acercó a una mujer mayor que veía la escena a cierta distancia. Ella estaba sentada en una silla de ruedas, con un vestido de flores y unas gafas de sol. “Carmen, tengo esto para usted”, le dijo, presentándole un burofax. Ella lo miró confundida. “¿Carmen Franquelo? Esto no es para mí”, le respondió.

DVD 1069 (01/09/2021)
Un cartero de correos le entrega al hijo de Carmen una carta relacionada con el caso de su madre y el piso de Puerta de Toledo.
David Expósito

En realidad, ella era una vecina que se parecía mucho a Carmen. El cartero se aproximó a continuación al hijo, Fernando Martín, y a la nuera, Begoña de la Cruz. “Lo siento. Yo no estoy autorizado”, le respondió Martín.

Los otros miembros de la familia le miraron extrañados. “Es un burofax de la propietaria”, les explicó. No les interesa recibir los nuevos apremios. Se giraron y siguieron escracheando a la joven vulnerable que han convertido en su único objetivo.

Esteve asegura ahora que lo que verdaderamente le importa no es echar a la joven del piso, sino que Carmen vuelva. Le dice a este periódico que la Policía actuó “como juez y parte” al quitarle las llaves a la familia. “Debe ser un juez el que decida”, afirma él en una entrevista telefónica el jueves. Abogados consultados dicen que la actuación de los agentes fue correcta. La mujer, que no estaba en el piso el día que los agentes arrebataron las llaves a la familia, lleva más de dos años fuera de la vivienda y no queda desamparada al vivir con su hermano.

No ve reprochables sus ataques a la joven. “Yo doy mi versión de los hechos y la gente es suficientemente inteligente para hacer o deshacer”. Cuando se le pregunta por qué carga contra alguien que habita legítimamente un piso, decide cortar.

“Ya está. Se ha acabado la entrevista. Que ya veo por dónde vas”.




Autor font: Antifeixistes.org