Maig 20, 2021
Per Indymedia Barcelona
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Por más que se repita, no por ello deja de ser chocante ver saltar por los aires un edificio en Gaza después de un teaser de la nueva temporada de la serie rancia española de turno. Porque es así como nos llega la realidad de la guerra a nuestras cabezas: mediadas por la sociedad de la imagen, la sociedad de la información, amplificada en perfecta sintonía con la vida digitalizada.

De aquí se deduce la frivolidad de nuestros tiempos. Podemos experimentar emociones al golpe de click. Pasar de estar tremendamente indignadxs, quizás rabiosxs, por los niñxs muertxs por los “selectivos” ataques de la aviación Israelí, para pasar a echarnos a temblar porque nuestro equipo de fútbol pierde a un jugador importante. No pasa nada.

El eterno presente que nos propone la sociedad de la información hace que nos relacionemos con una mercancía, como supone la “noticia” en manos de las agencias de información. La información es un valor económico para una serie de empresas. Y estas saben que ver edificios caer en directo, vende, tal y como lo hace un video de gatitos que nos pondrán a continuación.

La generación constante de imágenes del horror provoca que pierdan todo su contexto. La sociedad de la información solo permite relacionarnos con los hechos como espectadores que experimenten un fuerte y fugaz sentimiento, como la pena, la rabia, la indignación o la lástima.

Y al instante, pasar a otro estado de ánimo totalmente distinto sin consecuencia ninguna. Así resulta fácil caer presa de análisis simplistas, atravesados por el nacionalismo de chapita: la defensa del estado palestino como santo grial del izquierdismo y respuesta a todos los males que sufre la población de Gaza en particular y lxs palestinxs en general. De aquí se deduce todo lo malo que viene a continuación de un proceso
de victimización hacia aquellxs que sufren la violencia sistémica: solo pueden ser víctimas rescatadas por alguna abstración; la nación, Dios, la política, el diálogo, la democracia, la justicia. Nunca por ellxs mismxs.
Y detrás, como siempre, el Estado, el capital y la autoridad como constante invariable e incuestionable.
Porque, efectivamente, tanto convendría no olvidar que Hamás es una pestilente fuerza opresora sobre lxs palestinxs, llena de islamismo y nacionalismo, como convendría, a su vez, no olvidar que fue alzada por su
polo opuesto, el estado de Israel, buscando desgastar desde dentro a la ahora antigua hegemonía de Arafat y sus acólitos, allá por otras décadas. El eterno presente no tiene memoria. Es una cosa añeja por parte de las potencias capitalistas usar la carta de apoyarse en la religión y su correspondiente sectarismo en el tablero geopolítico del momento. Y si no, que se lo digan a los yankees con los talibanes en Afganistán.

Del mismo modo, las abundantes lágrimas de cocodrilo de la izquierda europea, pueden hacer que perdamos el rastro de la revuelta, de la chispa, de la rebelión que susbyace en el enfrentamiento de la chavalería contra los militares israelíes; en los refuzniks, de origen judío, que se niegan a cumplir el servicio militar; en lxs rebeldes que salieron a la calle en Tel Aviv hace unos meses o en la multitud de formas de lucha y solidaridad entre iguales que en ese territorio han llevado a cabo personas a las que poco les importa las razas, las nacionalidades o cualquier Dios y lo que de verdad les motiva es la lucha contra la tiranía.

¿Y aquí, que se nos propone? Pues al que no le baste con esperar a la siguiente noticia u anuncio, a lo sumo: marchar un par de horas por calles reguladas por agentes de la autoridad, que nos dejan marchar,
tranquilitxs y con cientos de banderas palestinas hasta que llegue la próxima causa que nos ponga el telediario en bandeja. Y a sacar nuevas banderas.

¿Lograrán borrar de nuestros corazones la solidaridad revolucionaria? ¿Harán que olvidemos momentos de pura solidaridad como por ejemplo, la acción que llevaron a cabo compañeras en tierras helenas que consiguieron bloquear un envío de armamento a Israel en el puerto de Astakos hace no mucho? ¿Las okupaciones de consulados y embajadas? ¿De la sangre y pólvora con que se respondió a la burguesía cuando se intentó mandar al matadero a miles de pobres en las guerras coloniales en Marruecos? ¿De la multitud de ataques, que hoy en día, iluminan las noches en Alemania, Italia, España, EEUU, Reino Unido, Chile, contra las maquinarias de guerra de los estados?

¿Olvidaremos que las empresas de la industria de la guerra tienen intereses aquí?, ¿que las armas se fabrican aquí? ¿Que las armas y material antidisturbios que acaban en manos de opresores en Israel, Gaza, Siria, Chile o Colombia se mueven por nuestro alrededor?

¿Olvidaremos esa vieja responsabilidad del proletariado ante la guerra, de la que un viejo anarquista alemán nos hablaba?

¿Olvidaremos que aquello que puede ponernos en relación con otrxs, en una nueva forma de entender la vida al margen de la explotación y la sumisión, es el odio a los opresores, por encima de fronteras, naciones o religiones?

El conflicto contra lo existente es más que una propuesta, es una realidad que se impone por encima del ruido de la sociedad de la información. Permanecer pasivx a sus llamadas es muerte en vida.

¡Guerra a la guerra!
¡Guerra a todos los estados!

Algunas anarquistas de Madrid.




Autor font: Barcelona.indymedia.org