Febrer 28, 2022
Per B Llibertari
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La Justicia devuelve a Rodolfo Martín Villa la medalla de oro que el Ayuntamiento de Barcelona le retiró en el mes de marzo 2017 por su política represiva que tuvo durante el franquismo y en la transición.

«La sentencia estima que retirar una medalla siempre es posible, pero cuando la retirada se realice por la constatación de unos hechos, actos o manifestaciones que en el momento que se otorgó la medalla no eran conocidos y de haberse sabido no se hubiera concedido la distinción».

La sentencia considera que el pleno del Ayuntamiento retiró la medalla a «Martín Villa basándose en un nuevo “juicio de valor” lo que no estaba contemplado en el artículo 6 del reglamento». 

Martín Villa rechaza la medalla que la justicia permite recuperar. Tanto si la rechaza o no, no deja de ser un veredicto injusto que no se ajusta a la verdad. Hecho que pone la justicia española en un lugar bastante cuestionable, herencia del franquismo, un pasado negro y que sigue siendo un problema de actualidad e imposible de resolver tanto no cambie la Constitución, el Rey y toda la basura que nos dejó Franco. 

A continuación, expongo una parte de las actividades que se le afea a Martín Villa, cometidas durante la dictadura y la transición. Los actos expuestos, eran bien conocidos en el momento que se otorgó la medalla, aunque los jueces afirman lo contrario; mienten, con el fin de justificar la ridícula parodia de su veredicto. 

Martín Villa, estudió Ingeniería Industrial en la Universidad Politécnica de Madrid y perteneció al Cuerpo de Ingenieros Industriales al servicio de Hacienda Pública. Vinculado al Sindicato Vertical FET y de la JONS, ocupó diversos altos cargos a lo largo del régimen de Franco. Jefe nacional del Sindicato Español Universitario (1963-1964), presidente del Sindicato de Papel, Prensa y Artes Gráficas, delegado provincial de Sindicatos en Barcelona (1965), director general de Industrias textiles del Ministerio de Industria (1966), secretario general de la Organización Sindical (1969),

Procurador en Cortes en 1969 y gobernador civil y jefe provincial del Movimiento de Barcelona (1974). Durante la transición también ocupó varios cargos con Arias Navarro, primer gobierno de la monarquía, fue ministro de Relaciones Sindicales (1975), con el gobierno de Adolfo Suárez desempeñó al comienzo de la transición la cartera de Gobernación (1976-1979). Es responsable de la feroz represión que se desató en una concentración en Victoria, el 3 de marzo de 1976. Se le acusa de ordenar el uso de armas de fuego por encargo del presidente del ejecutivo, Carlos Arias Navarro, con el resultado de cinco muertos y más de ciento cincuenta heridos, algunos de ellos de bala.

En su haber como ministro del Interior pesan otros asesinatos, cometidos durante el periodo de la guerra sucia efectuada por bandas de pistoleros a sueldo pagadas por el ministerio. En 1978, hubo un atentado contra la sala de fiestas Scala de Barcelona, con el resultado de cuatro obreros muertos, afiliados a la CNT, atentado que fue comanditado por el Ministro del Interior, Adolfo Martín Villa y el Ministro del Trabajo, Manuel Giménez de Parga. El atentado fue realizado con la intención de desprestigiar la CNT, y la misión le fue encomendada a un tal Francisco Álvarez, posteriormente encarcelado por el juez Garzón, acusado de terrorismo de Estado, (como miembro del GAL) y otro individuo que estaba al servicio de la policía, Joaquín Gambín (alias el Grillo). Ambos fueron los encargados de aquel trabajo sucio y por ello fueron remunerados con los fondos reservados del Estado.

También se le acusa de ser parte responsable de la intensa actividad parapolicial que desarrolló en el ministerio de Gobernación entre los años 1976 y 1979. Martín Villa era conocido como «la porra de la transición» por la dureza que empleaba en la represión de las manifestaciones obreras y estudiantiles.

Martín Villa y la banda de jueces, políticos, patriotas que lo apoya y arropa, todos son tan responsables como el inculpado, por encubrir a un criminal acusado de crimines de lesa humanidad y genocidio. Delitos que no prescriben nunca.

Pobre España en manos de quién está…

Juan Busquets. Ex guerrillero republicano

Condenado con la Ley de Bandidaje y Terrorismo

a la pena de muerte, pena que se le conmutó, cumplió 

veinte años y seis días de reclusión




Autor font: Bllibertari.org