Maig 25, 2021
Per Ràdio Klara
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Marc Cabanilles

El título es la pregunta pueril en el entorno diplomático, formulada por la embajadora de Marruecos en España a raíz del problema con Marruecos, y que ha desconcertado a todo el Gobierno y exacerbado los ánimos de la oposición. No soy de buenas, hipócritas o temerosas palabras como acostumbran a pronunciar los políticos, siempre con el propósito de ocultar o desvirtuar la realidad, y presuponiendo la infantilidad de la ciudadanía.

Qué esperaban que sucediera, si el vecino del sur, en vez de ser una democracia consolidada y respetuosa de los derechos humanos, resulta ser una dictadura con rasgos medievales, con el rey como máximo jefe religioso, con una mínima libertad de expresión y que por no respetar, no respeta ni a su propia ciudadanía, arriesgando la vida de población civil, como ya hizo con la Marcha verde en 1975.

Qué esperaban que sucediera si constantemente se repite el hecho de que cuando la dictadura alauita tiene problemas internos (paro, los nacionalistas del Rif…), provoca incidentes con la UE para, de esa forma, desviar la atención de sus súbditos recurriendo al choque con el enemigo externo y a alimentar un sentimiento nacionalismo extremo.

Qué esperaban que sucediera si, como país soberano y, por tanto, sin necesidad de pedir autorización a Marruecos, hubiéramos acogido al presidente saharaui con transparencia y firmeza, ejerciendo la plena soberanía que se supone, en vez de hacerlo a escondidas, con una identidad falsa y actuando con miedo y torpeza.

Qué esperaban que sucediera si el Estado español es incapaz de controlar sus fronteras, delegando en Marruecos (igual que la UE delega en Turquía) para que nos las vigilen, usando además unos métodos que, para no aplicarlos la democrática Europa, paga gustosa y generosamente para que otros los apliquen.

Qué esperaban que sucediera si, tras el ‘regalo’ y abandono del Sáhara en 1975, Marruecos se ha dado cuenta de la pasividad y cobardía de todos los gobiernos españoles, siempre cediendo a los chantajes marroquís para que no nos creen problemas en temas como la pesca, el tráfico de drogas, la lucha antiterrorista o las aguas territoriales.

Muchas veces he oído decir que el Sáhara Occidental no merecía una guerra (seguramente se han justificado guerras con menos motivos), pero no caemos en la cuenta que en su día, siendo el Sáhara la provincia 53, con su representación en las Cortes franquistas y sus DNI iguales a los nuestros, formaba parte de lo que nos venden como la «sagrada integridad territorial y la indisoluble unidad de la patria», con lo que queda demostrado que sólo es pura palabrería. Si un día Marruecos pide la provincia de Cádiz, para evitar la guerra, se la regalamos y además, sin preguntar a la ciudadanía gaditana.

Cuán diferentes hubieran sido las cosas si en su día la dictadura franquista, y después la flamante democracia plena, hubieran puesto en marcha las resoluciones de la ONU 1514 y 1541 (de 1960) que regulan las bases del proceso descolonizador y la resolución 2229 (de 1966) que insta a la realización de un referéndum de autodeterminación. Hoy tendríamos en el pueblo saharaui un socio de privilegio, unas relaciones excelentes, una zona crítica de África estabilizada, habría otro país africano con su segunda lengua en castellano y quién sabe si hasta con un Instituto Cervantes en El Aaiún.

En cambio, nos arrastramos ante el sátrapa marroquí, gobernando siempre con un ojo puesto en sus posibles reacciones, regalándole dinero y tecnología para que detenga la inmigración, para que controle las drogas, para que nos deje pescar, para que no amplíe aguas territoriales, para que pare el terrorismo, y así, seguir manteniendo la ‘pureza’ democrática y la sensación de seguridad y confort.

La consecuencia de actuar tantos años bajo la filosofía de «qué esperaban que sucediera», es que tenemos lo que nos merecemos. Y lo peor es que no hay señales de que algo vaya a cambiar.




Autor font: Radioklara.org