Maig 25, 2021
Per Ràdio Klara
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El Vaivén de Rafael Cid 

Rafael Cid

Desde la noche del 23-F en Valencia no habíamos visto a las tanquetas del ejército campar en una ciudad española sin tratarse de unas maniobras. Tampoco durante 11-M ni en el plebiscito independentista del 1-O catalán. Aunque en esta ocasión, no se trataba de un golpe de Estado sino de frenar la entrada masiva de inmigrantes a Ceuta. Una <<invasión>> en el argot belicista de los ultras de Vox, perorata que simbólicamente se veía corroborada por Moncloa al ordenar a la legión defender la integridad de la frontera con Marruecos. Porque esa es una de misiones que el artículo 8 de la vigente constitución encomienda a las Fuerzas Armadas, junto con garantizar la soberanía e independencia de España y del ordenamiento constitucional. Como con la abstención de los de Abascal a favor del gobierno en el tema de los fondos europeos, a veces los extremos impropiamente se tocan. 

Sin embargo en esta ocasión la presencia de tropas en las playas del Tarajal se vestía de injerencia humanitaria, a decir de Pedro Sánchez. Para abortar la entrada en la ciudad autónoma de varios miles de marroquíes, familias enteras y cientos de menores de edad solos, en busca de un futuro mejor, los parias de la tierra. <<Devoluciones en caliente>> a puñados que en tiempos de Rajoy el PSOE denunció ante el Tribunal Constitucional por atentar contra los derechos fundamentales,  y ahora aplica valiéndose de esa misma <<ley mordaza>> antaño tan justamente repudiada. Lo hacia el mismo partido de gobierno que sacaba pecho de solidaridad con los más vulnerables aceptando con el máximo boato a los refugiados del buque de salvamento Aquarius. 

Entonces, lo lógico, bueno y encomiable era la orgullosa acogida de los migrantes y el mensaje de empatía que ese gesto transmitía a toda la sociedad. Dos años más tarde, por el contrario, se trata de evitar el <<efecto llamada>>, y a la exigua minoría crítica con el <<a mi legión>> de Pedro Sánchez se la tacha de deslealtad con el Estado. Una realidad doliente que se contraprograma con las idílicas imágenes de soldados consolando a los <<espaldas mojadas>>, machaconamente bendecidas por todas las televisiones. Tomás de cámara complementadas por la igualmente festiva puesta en escena del Programa 2050 in illo tempore, frente a la tozuda hostilidad de la realidad presente, militarizada por supuesto. Sorprende que los mentores de ese súbito ardor guerrero sean precisamente dos magistrados, el ministro de Interior Fernando Grande-Marlasca, y su colega de Defensa Margarita Robles.  Experimentados juristas ambos, han propiciado el despliegue sin declarar el preceptivo estado de sitio, y cuando ya había caducado el estado de alarma. Hola obediencia debida, adiós patriotismo constitucional.

Pero ese revés del derecho no debería chocarnos tanto recordáramos todo lo que han confiscado los gobiernos del PSOE para el estamento castrense. Empezó Zapatero militarizando la huelga de controladores aéreos, y continuó creando la Unidad Militar de Emergencia (UME), detrayendo ingentes recursos económicos y sociales de lo que hasta entonces había sido coto de la protección civil. Una fórmula relanzada más tarde por el gobierno de coalición progresista de PSOE y Unidas Podemos (UP) al militarizar los mandos de Salvamento Marítimo; utilizar a la UME para <<desinfectar>> las residencias de mayores; empotrar a los jefes de la policía, la Guardia Civil y el Ejército en la gestión de la pandemia que denominaron Operación Balmis; y recurrir a uniformados para rastrear a los contagiados de coronavirus. Lo acontecido ahora con la estampida de inmigrantes magrebíes en las colonias de Ceuta y Melilla (como el Peñón de Gibraltar lo es Gran Bretaña) no es más la consecuencia lógica de un now  know que ya es marca de la casa.

La sociedad no se hace más conservadora y reaccionaria de la noche a la mañana porque unos cuantos exaltados al grito de <<los nuestros, primero>> se empeñen en llevar sus atrabiliarias y xenófobas consignas de la Ceca a la Meca. Lo que hace que la ciudadanía se encastille en posiciones retrogradas, egoístas y excluyentes es que desde las instituciones se promueva y aliente el principio de autoridad por encima y a costa de los valores democráticos, mientras la gente se limita a seguir al abanderado. Quien siembra vientos se arriesga a recoger tempestades.




Autor font: Radioklara.org