Maig 11, 2021
Per Ràdio Klara
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Marc Cabanilles.

Ateneo libertario Al Margen.

Sin ninguna duda, las elecciones en la comunidad de Madrid, siguiendo patrones ya conocidos, vuelven a poner sobre la mesa el proceso que siguen las ideas fascistas para empapar las mentes y comportamientos de toda una sociedad, por muy variopinta que sea su composición en cuanto a cultura, nivel de vida, edades, ambiente rural o urbano, profesión, etc.

Desde hace años, vengo diciendo que la lucha contra el fascismo no se puede basar en ir a las urnas un día y quedarse en casa, esperando durante años, pasivamente, un nuevo llamado a las urnas. Ahora que estamos en pandemia, por más que parezcamos vacunados (guerras mundiales, nazismo, 40 años de dictadura), el fascismo, como el virus, sigue presente, esperando contagiar de nuevo al menor descuido.

Al fascismo se le combate cada día en la calle, de la que no sólo la mayoría de gente está ausente, sino que a muchos no los volveremos a ver en ninguna trinchera hasta dentro de cuatro años.

Al fascismo se le combate con una educación que fomente la cooperación y un espíritu crítico, que permita a las personas formarse criterios propios, justo al contrario de una educación privada o concertada, elitista, encaminada al individualismo, la competitividad y el «éxito».

Al fascismo se le combate con una justicia igual para toda la ciudadanía, que genere confianza, cosa imposible hoy en día con los órganos judiciales en manos de persones de reconocido carácter conservador, y muchos pertenecientes a la secta del Opus Dei.

Al fascismo se le combate con unas fuerzas de seguridad plenamente democráticas, al servicio del pueblo, garantes del cumplimiento de obligaciones y del respeto de los derechos, pero hoy en día, plagadas como están de auténticos reaccionarios, esa supuesta etiqueta democrática, da risa (o miedo).

Al fascismo se le combate no admitiendo ni riendo las gracias a comportamientos insolidarios, xenófobos, machistas, homófobos, aporófobos o contra las libertades individuales (divorcio, aborto, eutanasia, …).

Al fascismo se le combate haciendo que las personas dejen de tener miedo de ejercer la mucha o poca libertad disponible, asumiendo las responsabilidades que ello conlleva, y no como ahora, que delegamos nuestra vida en el primer charlatán ( cura, político, …) que nos promete el paraíso o nos vende humo y encima le aplaudimos.

Al fascismo se le combate con unos medios de comunicación veraces y pedagógicos, que ayuden a conocer la realidad y a formarse opinión, evitando que la información sea un negocio, que por supuesto caerá en manos interesadas (bancos, especuladores).

Al fascismo se le combate con una memoria que permita conocer el pasado y sirva para no repetir errores. De antes se ha olvidado la dictadura, su represión, su continuidad tras la transición. De ahora se olvida la corrupción, las muertes en las residencias, los recortes en sanidad y educación, las tremendas desigualdades.

Al fascismo, quienes se dicen de izquierdas, lo deberían combatir con políticas de izquierda. Quienes dicen querer el socialismo, lo deberían combatir caminando hacia el socialismo. Y esto, hace lustros que no sucede.

Al fascismo se le combate con solidaridad, libertad, autogestión y apoyo mutuo, todo ello, hoy por hoy, desaparecido y en consecuencia, el «sálvese quien pueda» es la principal norma de comportamiento no escrita, pero muy asumida.

Al fascismo se le combate aceptando la crítica y no entendiéndola como un insulto, levantando argumentos en vez de levantar la voz, y poniendo en valor la diversidad y la diferencia.

Al fascismo se le combate abandonando la hipocresía y fomentando la coherencia, cuestionando siempre cualquier autoridad, y más cuando se usa esa autoridad para endurecer la vida a los muchos desfavorecidos, mientras se aumentan los privilegios de unos pocos.

Al fascismo se le combate perdiendo el miedo al debate y a las posibles contradicciones que podamos tener, siempre que dichas contradicciones, provengan de la honestidad y las ansias de una sociedad más libre, más justa, más solidaria.

Pero nada de esto se da, y por tanto, se repite la historia: Lamentos y reproches, excusas y dimisiones, siempre olvidando, de forma consciente, que si preferimos cerrar los ojos y no ver, va a ser muy difícil dar con el camino adecuado.

Mientras, la consecuencia es que lo que ha pasado, es lo que tenía que pasar, porque, visto lo visto, hecho lo hecho, no podía ser de otra forma.




Autor font: Radioklara.org