Novembre 22, 2020
Per R脿dio Klara
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El Vaiv茅n de Rafael Cid

<<Aparte de los dem谩s, tengo yo mi propia opini贸n>>

(Herodoto)

Rafael Cid

El interregno que va de la primera gran recesi贸n del siglo XXI  a la actual pandemia, enmarca el tr谩nsito de la civilizaci贸n anal贸gica a la civilizaci贸n digital y consagra la supremac铆a de la t茅cnica sobre la pol铆tica. De esta forma, al eliminar el conflicto y el principio de contradicci贸n inherente a esa suplantaci贸n epocal, la econom铆a se soberaniza definitivamente y la democracia pasa  a ser un lastre para su radiante porvenir. Una causa perdida en el oc茅ano de la <<nueva normalidad>>, otra vez a punto de asomarse al abismo  del confinamiento domiciliario a la carta ante el doloso fracaso del Estado en la gesti贸n de la crisis sanitaria.

En poco m谩s de una d茅cada hemos padecido dos grandes crisis, la financiera del 2008 y la sanitaria de este 2020. Pero derrapar铆amos solemnemente si las consider谩ramos equivalentes, tanto en raz贸n de sus or铆genes como por sus nefastos efectos. En realidad, entre ambas existe un considerable trecho, un salto cualitativo, en cuanto a la 铆ntima naturaleza de sus motivaciones y las consecuencias producidas. Una asimetr铆a parecida a la que registran el declinante mundo anal贸gico y la blogosfera digital que despunta imparable. Hasta el extremo de poder afirmar que si en la primera crisis el dominante, en 煤ltima instancia, fue el factor humano, en la que ahora nos carcome es el algoritmo cibern茅tico y tecnol贸gico quien marca tendencia. Aunque tambi茅n se aprecia un punto de coincidencia (o de fuga) en la din谩mica de sus respectivos procesos. De suyo, la crisis que hoy nos diezma sin piedad empez贸 a incubar su c贸digo fuente sobre las cenizas de la precedente.

La primera explosi贸n econ贸mico-social del siglo XXI se desarroll贸 en buena medida siguiendo las pautas convencionales que rigen el conflicto anal贸gico. Agresor y agredido frente a frente, sin caretas ni suced谩neos. El capitalismo financiero como desencadenante y el pueblo soberano como perjudicado. Sobre esta dicotom铆a discurri贸 aquella primera gran contienda pol铆tica. Transparencia que hizo posible tomar conciencia de la injusticia cometida por la rapi帽a de una minor铆a cruel y codiciosa contra la sufrida mayor铆a social. Esa percepci贸n directa de los hechos sin duda contribuy贸 a impulsar una contundente respuesta colectiva. Las multitudinarias protestas desatadas ante la gravedad de los acontecimientos surgieron bajo el mismo triple impulso: indignaci贸n-insumisi贸n-rebeli贸n. En medio mundo, gentes de toda condici贸n, sin distinci贸n de ideolog铆a, clase, raza, g茅nero o religi贸n, se echaron  a la calle  para manifestar su hartazgo con la situaci贸n y clamar por otra forma de vida. El com煤n, la proximidad, la empat铆a, la solidaridad y el orgulloso de caminar juntos y resueltos, hizo de ese momento un hito en el devenir hist贸rico. 

De pronto, el ego铆smo y el individualismo que hab铆an adoquinado la rutinaria convivencia se difuminaron para dar paso al apoyo mutuo y hermanar la responsabilidad individual y colectiva, recobrando la autonom铆a de la postergada sociedad civil. Ocurri贸 mientras las redes sociales convocaban torrencialmente a las personas para participar del espacio p煤blico, desafiando a la clase pol铆tica y a las autoridades, se帽aladas como c贸mplices de los poderes f谩cticos que con su ambicioso proceder cebaron aquella pandemia econ贸mica. Por un tiempo, los instrumentos tecnol贸gicos hab铆an abandonado su habitual nicho solipsista y serv铆an como herramientas para facilitar encuentros personales y generar confianza y autoestima entre las personas. La confluencia de manifestantes, sin liderazgos excluyentes ni protagonismos institucionales,  creaba la ilusi贸n de la emergencia de una pol铆tica horizontal alternativa. Una esfera p煤blica donde primaran los afanes de la comunidad, comprometida con una 茅tica de fraternidad democr谩tica.  隆Dorm铆amos,  despertamos! 

En aquella ocasi贸n s铆 salimos m谩s fuertes, porque nos lo curramos nosotros, sin intermediarios ni delegaciones, ejerciendo la acci贸n directa y la democracia de proximidad. Hasta que lleg贸 el coronavirus, concretado aqu铆 en desastre sanitario sin precedentes debido en buena medida a las da帽inas restricciones impuestas en las partidas destinadas al gasto social por los gobiernos sucesivos del PSOE y el PP durante la Gran Recesi贸n. Pero esta vez la reacci贸n popular fue diametralmente opuesta. Donde antes hubo jubilosa movilizaci贸n ciudadana contra la gesti贸n de la crisis econ贸mica, ahora se dieron toneladas de resignaci贸n y adocenamiento. Los mismos grupos pol铆ticos e ideol贸gicos que a帽os atr谩s arengaban contra la clase dirigente, una vez en el poder se convirtieron en defensores y propagandistas del nocivo statu quo, llegando a estigmatizar a quienes se atrev铆an a pedir responsabilidades por su negligente y culposa actuaci贸n. 

En consecuencia, el arrollador activismo de la gente y el achicamiento de las autoridades, que fue divisa de la pleamar c铆vica durante la crisis financiera, se troc贸 en d贸cil sometimiento a todo lo que se impon铆a desde arriba. Una clase dirigente, incapaz de frenar la letalidad de una pandemia que se hab铆a ensa帽ado con los ancianos y llevado al pa铆s al peor puesto en cuanto a n煤mero de personas fallecidas y de sanitarios contagiados, optaba paternalistamente por militarizar la lucha contra el coronavirus para ahogar cualquier atisbo de disidencia. Pasamos de la Operaci贸n Balmis de la primera ola infecciosa, donde los m谩ximos jefes de los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad  del Estado compart铆an tribuna informativa con el responsable m茅dico de Alertas y Emergencias Sanitarias, a la Misi贸n Baluarte que entreg贸 el rastreo de la poblaci贸n civil afectada y su entorno  al Ej茅rcito, sin necesidad de declarar el Estado de Excepci贸n. 

As铆, el bipartidismo turnista, denunciado por los indignados rotulados en torno al 15-M, fue sustituido por una pol铆tica de bloques, maniqueamente polarizada sobre el eje izquierda-derecha. Un  se帽uelo con el que se repon铆a en el poder a uno de los partidos responsable de la anterior crisis en coalici贸n con su principal impugnador. Dial茅ctica basada en el brusco cambio sociol贸gico que estaba laminando a la clase media, el tradicional amortiguador entre los extremos. Pero, m谩s all谩 del impacto est茅tico, el nuevo modelo estaba lejos de implicar una impugnaci贸n radical del sistema. Una lectura rigurosa de lo ejecutado por el Gobierno integrado por PSOE y Unidas Podemos (UP) arroja un panorama menos complaciente, a medio camino entre el despotismo ilustrado y el sindicato vertical reciclado. Desde los Pactos de la Moncloa no se hab铆an dado tantos apa帽os al alim贸n entre la gran patronal y los llamados <<representantes de los trabajadores>> como en lo que va de legislatura. Siempre con los buenos oficios del Estado para favorecer el consenso de grupos de inter茅s ubicados en las ant铆podas. 

Eso en el plano estrictamente laboral, porque en t茅rminos generales el Ejecutivo ha superado con creces todos los l铆mites de la decencia pol铆tica en el uso del Real Decreto-Ley (RDL), una reserva legal excepcional sin previo control parlamentario. Desde que lleg贸 a la Moncloa, Pedro S谩nchez ha avalado 66 RDL, muy por encima de los 47 suscritos por Mariano Rajoy durante su 煤ltimo mandato. Se ha impuesto la teor铆a del mando 煤nico e integral m谩s all谩 del 谩mbito sanitario, el confinamiento de las pr谩cticas democr谩ticas, como <<nueva normalidad>>. Pero eso es algo que a pocos parece importar, porque los gobernantes sostienen como anta帽o que todo lo hacen por nuestro propio bien, sin que esta vez la opini贸n p煤blica les cuestione. Y albarda sobre albarda, con el mucho consenso entre los agentes sociales y el muy poco respeto de los valores democr谩ticos, se perpetran impunemente operaciones que el capitalismo de amiguetes hace tiempo acariciaba. 

Como la fusi贸n de CaixaBank y Bankia, a costa de dejar a miles de empleados a la intemperie cuando la tesis oficial habla de alargar la edad para seguir en activo (a los que habr铆a que a帽adir las 400 oficinas que va a cerrar el Santander; los 1.800 trabajadores que le sobran al Sabadell;  los 2.863 venidos a menos del BBV; o los 790 afectos al ERE de Ibercaja; a sumar al 37% de los empleados amortizados en los 煤ltimos 12 a帽os) y aumentar la ya abrumadora concentraci贸n bancaria (un ajustado oligopolio, mientras se predica la necesidad de la libre competencia). O la absoluci贸n de los imputados por la salida a bolsa de la antigua Cajamadrid, <<porque cont贸 con el visto buenos de todos los supervisores>> (Banco de Espa帽a, FROB, CNMV y ministerio de Econom铆a), sin que nadie motive una reacci贸n judicial contra las instituciones que urdieron un rescate con dinero p煤blico de 24.323 millones de euros. Con el agravante de que al diluirse la participaci贸n de Bankia en la nueva entidad, la posibilidad de recuperar la ayuda estatal se aleja sine die. Nos distraemos persiguiendo chicharros para que, burla burlando, los tiburones se nos zampen patas arriba. Abandonamos a los mayores a su suerte como si el desamparo a que les sometemos fuera ley de vida, al mismo tiempo que echamos una soga al cuello a las nuevas generaciones con una deuda que les har谩 imposible una existencia digna. Ahora sabemos que la <<nueva normalidad>> es un tr谩gala consistente en asociar la masacre de ancianos con las patolog铆as previas (en la primera ola) y los rebrotes incontrolados con la irresponsabilidad de j贸venes asintom谩ticos (en la segunda ola).

Frente a la respuesta anal贸gica, integradora y fraternal dada por el activismo social durante la crisis financiera del 2008, la del presente 2020 se nutre fundamentalmente de pulsiones digitales,  excluyentes y dist贸picas. Aunque la l贸gica te贸rica llevar铆a a pensar que la lucha contra la pandemia, por su car谩cter universal y cruento, llevar铆a a impulsar sentimientos de solidaridad y altruismo, lo que se ha impuesto ha sido lo contrario. Desmontando todo lo que de com煤n y, por tanto, de cooperativo existe en la dimensi贸n anal贸gica, la reacci贸n m谩s generalizada ha tenido que ver con el individualismo, la competici贸n, el paternalismo y el autoritarismo. Todo ello sometido al crisol del miedo al contagio inherente a est铆mulos de cercan铆a social. Estamos a punto de interiorizar aquel c贸digo del rechazo al pr贸jimo del refranero, <<Por la caridad entra la peste>>, en alusi贸n a los riesgos que asum铆an quienes ayudaban a los apestados durante la Baja Edad Media.

Con lo que lejos de abrir nuevos caminos como en la pasada crisis, como alternativa al modelo dominante, se han reforzado las pautas del ya existente para mutarnos hacia una sociedad neohobbesiana 5G donde el hombre vuelve a ser lobo para el hombre. Ese proceso de robotizaci贸n mental aqu铆 lo inicio la gran banca, al instalar m谩quinas inteligentes para la habitual interlocuci贸n con sus clientes, con desprecio para peque帽os ahorradores y pensionistas, en su mayor parte personas de edad v铆ctimas propiciatorias de la brecha digital. El Santander de la se帽or Bot铆n y C铆a lo llama <<digilosofia>> y Bankia <<humanismo digital>>, ambos enunciados anclados en la estupidizaci贸n con que suele manejarse el gotha financiero. Un sesgo antipersonas que ha alcanzado incluso al reciente cambio de frecuencias en TDT, pilotado por el ministerio de Transici贸n Tecnol贸gica,  haciendo que solo lo muy duchos en la quincalla de las nuevas tecnolog铆as puedan resintonizar sus canales de televisi贸n. Seg煤n el informe  The future of Jobs, del Foro Econ贸mico Mundial (WEF),  en 2025 casi el 50% de los empleos ser谩n desempe帽ados por robots, desplazando a 85 millones de trabajadores en todo el mundo.

 Acobardada, confundida, temerosa de supuestos contactos t贸xicos con sus semejantes, disciplinada hasta l铆mites que rozan la esclavitud voluntaria, la gente ha llegado a admitir como normal que la 煤nica arma de un gobierno progresista para atajar la pandemia en pleno siglo XXI haya sido recurrir al a帽oso procedimiento de decretar el apartheid para toda la sociedad.  Bienvenidos al hogar burbuja, con teletrabajo forzado, bajo palio del S铆ndrome de Estocolmo propiciado por el Estado Leviat谩n. Afortunadamente siempre hay alg煤n t谩bano que agua la fiesta a los cr茅dulos y biempensantes predispuestos al consabido am茅n para que todo siga igual. En este caso preciso se trata de dos francotiradores, aunque mejor ser铆a calificarlos de <<furtivos>, dada la cretinidad reinante. En primer lugar hablamos de un art铆culo publicado por El Salto, el pasado 9 de octubre, donde se revienta el negocio oculto que existe tras la gesti贸n de la pandemia en Espa帽a, a resultas del cambalache urdido entre el Gobierno, el diario El Pa铆s y la  multinacional farmac茅utica Roche para dise帽ar 鈥淯na nueva sanidad para una nueva normalidad鈥. Y en segundo lugar, e igualmente revelador, tenemos el seminario virtual realizado por la universidad Carlos III de Madrid (Auditor铆a jur铆dica sobre la pandemia del Covid-19), y m谩s en concreto a la exposici贸n de la profesora titular de derecho administrativo, Ana S谩nchez Lamelas, sobre las medidas de pol铆ticas aplicadas por el Ejecutivo para gestionar la crisis, calificadas en ese foro como <<Estado de Excepci贸n sin declararlo>> y de <<Asalto al texto constitucional>>. Pasen y lean (https://www.elsaltodiario.com/sanidad/la-farmaceutica-organiza-un-acto-con-el-ministro-de-sanidad-salvador-illa-para-trazar-las-lineas-de-la-sanidad?fbclid=IwAR2_UldAPSmNB0hPK2mh-IiT-2chzNeEFcAnpZ4QUNOOI8U1wZ6H4TRZpWI) ; oigan y vean (https://www.youtube.com/watch?v=j22vhtqpfYg).

Sin negar lo m谩s m铆nimo la terrible realidad de la pandemia, ni justificar extra帽as teor铆as de la conspiraci贸n, ni incurrir en el est煤pido negacionismo sin causa que tanto espolea el poder para desacreditar cualquier cr铆tica contra sus imposiciones (otra versi贸n de la eficaz y recurrente muletilla del <<trifachito>> en el orden partidista), todo indica que la crisis sanitaria est谩 sirviendo como laboratorio de oportunidad para introducir una mutaci贸n social transg茅nica que complete el apag贸n del ecosistema humano-anal贸gico. De esta forma se pasar铆a el testigo a un modelo de convivencia aislacionista y patol贸gico a lo Black Mirror, diferida y virtual, liderado por la cogobernanza del Estado y las principales corporaciones tecnol贸gicas. Resulta sangrante que la China hiperautocr谩tica, donde surgi贸 la mort铆fera epidemia cuyo origen a煤n ignoramos, sea a la postre la gran beneficiada de esta hecatombe global. La primera potencia mundial en  someter a su poblaci贸n a los dispositivos del postcapitalismo de  control y vigilancia.  El sistema concentracionario para un mundo feliz que se publicita en todos los idiomas como <<nueva normalidad>>. Veremos si la vacuna contra el coronavirus que se anuncia pr贸xima no a帽ade una nueva desigualdad en los servicios sanitarios nominalmente universales y gratuitos, tanto a nivel de clase social como de pa铆ses, a causa de potenciales restricciones aplicadas en el 谩mbito espacial como por discriminaci贸n debido a su coste de acceso (tras lo ocurrido con el precio de las mascarillas).

隆Sapere aude! (隆Atr茅vete a pensar!)

(Nota. Este texto es una versi贸n actualizada del art铆culo publicado en el n煤mero de noviembre del mensual Rojo y Negro)




Autor font: Radioklara.org