Juny 17, 2022
Per Ràdio Klara
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La Veranda de Rafa Rius

En la eterna lucha estética y ética entre Apolo y Dionisos, entre lo apolíneo y lo dionisíaco como dualidad contrapuesta y complementaria, en estos momentos, van perdiendo ambos. Ni la serena  belleza apolínea ni la convulsa belleza dionisíaca.  El éxtasis místico y la orgia como dos caras de la misma moneda, como dos formas de conocimiento igualmente esencial.

Ahora mismo, en la era cibernética, la cuestión se ha simplificado: el concepto de belleza como precepto y componente social ha desaparecido. Lo bello no entra en la ecuación. No cotiza en bolsa ni tiene valor financiero a no ser colgado de la etiqueta de una obra convenientemente valorada en el mercado.

Consecuentemente, nada que no tenga relación con Mercado – y Mercado es apolíneo o dionisíaco, según convenga- tiene la menor posibilidad de ser tomado en consideración.

Los clásicos consideraban que lo bello es bueno y lo bueno es bello. Ética y estética formaban parte de una misma ecuación. En nuestros días esa relación transitiva se ha roto.

Sin embargo, curiosamente, a través de la historia, los momentos transformadores de la realidad en un sentido positivo, han tenido por lo general, junto a una honda preocupación ética, un fuerte componente estético. Y en ello, hay un componente estacional curioso: un dato sugerente es la cantidad de momentos de rebeldía revolucionaria que se han producido durante la primavera, durante el tiempo en que maduran las cerezas.

Desde la toma de la Bastilla o la Comunne de Paris al 15M, salvando las distancias y pasando por el Mayo del 68, el 25 de Abril en Lisboa o las primaveras árabes, muchos momentos de agitación social en los últimos siglos, se han producido durante la primavera y el verano temprano.

En la Comuna de París de 1871, hubo una canción que se convirtió en himno revolucionario y que ha llegado hasta nuestros días a través de multitud de versiones y profundamente enraizada en la cultura popular francesa: “Le temps des cerisses”, celebrando que mientras maduran las cerezas, todo parece posible, pero la misma letra reconoce al final: “mais il est bien court le temps des cerisses”… o como diría el refrán castellano: “la alegría dura poco en la casa del pobre”

Durante estos meses se reproduce cada año el eterno engaño: Apolo y Dionisos se reconcilian, todo puede recomenzar, mientras enfrentamos la evidencia inexorable: el tiempo fluye siempre hacia otros horizontes. No obstante, cargados de escepticismo y determinación, sería necesario, ahora más que nunca, no abandonar las barricadas.




Autor font: Radioklara.org