Abril 7, 2021
Per Ràdio Klara
78 vistes


La Veranda de Rafa Rius

Cuando hablamos del espacio urbano como ámbito de socialización, ignoramos a menudo que se trata también y sobre todo de un espacio de manipulación y control. Continuamente aparecen nuevos mecanismos dedicados a ello que amplían hasta límites insospechados la vigilancia y, llegado el caso, la intervención represiva, hasta un punto en el que las fantasías distópicas -1984- se han quedado claramente naïf.

Dentro de este inquietante horizonte, una vez más, internet juega un papel determinante. Desde el año 2007, Google Maps y Google Earth proporcionan a sus usuarios panorámicas a nivel de calle -Google Street View- de la mayoría de ciudades de EEUU y Canadá, 19 países latinoamericanos, 40 europeos, 20 asiáticos, 11 africanos, Australia, Nueva Zelanda, de Groenlandia y hasta de la Antártida… dentro de un nuevo género conocido -con el eufemismo correspondiente- como Geomática.

Teóricamente, todas las tomas son modificadas antes de su publicación final, difuminando caras y matrículas y también en teoría, no permite la divulgación de imágenes no consentidas, pero a la hora de la verdad, el sistema tiene multitud de fallos en la privacidad y además, vaya usted a saber en qué bases de datos se almacenan previamente para ser utilizadas cuando convenga, dado que el control de las imágenes obtenidas es en la práctica imposible.

Sus cámaras de cuarta y quinta generación proporcionan imágenes en alta definición que, con 360 grados de movimiento horizontal y 290 vertical, con sistemas de medición del entorno hasta 50 metros, ofrecen un detallado muestrario en tiempo real de lo que esta pasando en aquellos lugares por los que circulan sus vehículos espía. Por si algo se les escapa, además de otros vehículos, utilizan triciclos – Google Trike- para filmar en parques, campus universitarios y centros históricos de las ciudades, en su mayoría zonas peatonales.

La meta no oculta de google es invadir la mayor parte del planeta y, para conseguirlo cuenta además con la ventaja de que sus operadores son “freelancers” es decir, falsos trabajadores por cuenta propia, con los que no mantiene ningún tipo de obligación laboral como empresa -antigüedad, prestaciones médicas, vacaciones- con lo cual el negocio acaba de redondearse.

Todo lo anterior, que parece sacado del guion de una película de ficción científica distópica, está ocurriendo ahora mismo en nuestras calles ante la indiferencia generalizada o hasta la complacencia de algunos esclavos satisfechos que lo consideran un adelanto tecnológico incuestionable e incluso es posible que saluden cuando vean pasar el coche con la cámara.

Una vigilancia aleatoria e impredecible que nos convierte en sujetos observados sin nuestro consentimiento en una suerte de laboratorio global, que genera un monstruoso volumen de información gráfica, susceptible de ser utilizada indiscriminadamente.

Ante este paisaje de violencia estructural, invasor de la privacidad y usurpador del espacio público para convertirlo en instrumento de negocio y espionaje, con la colaboración de las distintas instancias de Estado y silenciado de manera cómplice por los mal llamados medios informativos, no cabe desentenderse.

Ahora el ojo del Gran Hermano es móvil y omnipresente, así que sólo cabe, desde la ingenuidad de quien sabe lo desigual del combate, la denuncia denodada, aunque solo sea por respeto a la propia dignidad atropellada.




Autor font: Radioklara.org