Juny 16, 2021
Per Antifeixistes
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Credit…David Arquimbau Sintes/EPA vía Shutterstock

Por Moha Gerehou, Periodista y Activista contra el Racismo. Publicado en The New York Times – 15/6/2021

MADRID — Cuando a mediados de mayo se conocieron las primeras noticias sobre un aumento en la llegada de migrantes a la ciudad de Ceuta, territorio español situado en el continente africano, Santiago Abascal, el líder del partido de extrema derecha español Vox, no tardó en dirigirse al enclave. Una vez allí, exigió la presencia urgente del ejército, calificó la situación de invasión marroquí, compartió en sus redes sociales un vídeo de menores migrantes sin respetar su privacidad a los que acusó de provocar ruina e inseguridad en el país e inflamó el debate público.

Un mes antes, durante la campaña de las elecciones madrileñas en las que arrasó Isabel Díaz Ayuso del Partido Popular, Vox señalaba a estos menores migrantes que se encuentran solos en el país como chivo expiatorio de los problemas de Madrid. Daba igual que los ‘menas’, la manera despectiva de referirse a ellos, no sean ni 300 jóvenes en una región cercana a los siete millones de habitantes. O que muchos acaben en la calle al cumplir los 18 años por una situación legal que el gobierno español plantea subsanar. Al final, el reduccionismo y las mentiras de Vox fueron premiados: obtuvieron casi 43.000 votos más que en las anteriores elecciones.

El uso explícito del racismo como arma electoral da votos, lo que ni ha sido inventado por Vox ni es de su patrimonio exclusivo. Dirigentes y formaciones del mundo, de Donald Trump en EE. UU. a Matteo Salvini en Italia, se han apoyado en propuestas políticas racistas que han prosperado sin ser verdad, ni apoyarse en datos o evidencias científicas. El avance de estos líderes se explica por un racismo estructural presente también en España pero que apenas se reconoce como un problema del país.

Los que vivimos las consecuencias de la discriminación estamos cansados de recibir gestos o palabras como la solución. La acción antirracista, individual y colectiva, será el camino para construir el mundo de justicia e igualdad sin espacio para el odio de la extrema derecha.

La condición racial atraviesa todos los detalles de nuestras vidas, nuestras relaciones y nuestro futuro. En mi caso, nací en España como hijo de migrantes gambianos. En mi documentación fui extranjero hasta los ocho años, cuando mi padre completó el trámite para conseguir la nacionalidad, que yo recibiría después. Desde entonces, creciendo como un chico negro, he experimentado algunos de los efectos del racismo. La desaprobación del contrato de alquiler de un piso cuando llegué a Madrid bajo el único criterio del color de piel, las amenazas e insultos racistas en las redes sociales como Twitter o las paradas policiales por perfil racial. Esas y otras experiencias las cuento en mi libroQué hace un negro como tú en un sitio como este, para entender la dimensión del problema.

El racismo no se reduce a episodios aislados, ni situaciones provocadas solo por extremistas. Si hablamos del acceso a la vivienda, un estudio encargado por el gobierno español señala que siete de cada diez inmobiliarias aceptan sin miramientos que los caseros les pidan explícitamente no alquilar a inmigrantes (o a quienes perciben como tales), mientras el 80 por ciento estaba de acuerdo con imponerles condiciones más difíciles.

Otro estudio en todo el territorio sobre las paradas policiales por perfil racial, apunta a que las personas racializadas son detenidas por los agentes entre seis y diez veces más que las blancas: el color de piel o el origen entrañan una sospecha eterna de culpabilidad hasta que se demuestre lo contrario.

El racismo y la antinmigración siempre han ido de la mano. Ser negro en España me convierte a ojos de la mayoría social en migrante, aunque no lo sea, pero esa extranjerización la noto en mi día a día: desde que me hablen en inglés en restaurantes hasta las paradas policiales asumiendo que estoy indocumentado. La extrema derecha lo sabe bien cuando sus discursos y acciones se dirigen contra las personas racializadas. Si simplemente les preocupase la migración, apuntarían también a la tercera comunidad extranjera más numerosa en España: los británicos. Pero no lo hacen, porque la condición racial es un marcador indispensable.




Autor font: Antifeixistes.org