Juliol 29, 2021
Per Indymedia Barcelona
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Personas que ver铆an con horror actos de censura o persecutorios llevados adelante en nombre de la religi贸n, la raz贸n de estado, la naci贸n e incluso la revoluci贸n, parecen aceptarlos sin mayores complejos cuando id茅nticas medidas son establecidas en nombre de la salud. Ven en la religi贸n, la raz贸n de Estado, las identidades nacionales o los desaf铆os de la revoluci贸n cuestiones discutibles, ante las que leg铆timamente se puede estar a favor o en contra, sin que nadie pueda arrogarse la verdad. Son fen贸menos irreductiblemente sociales, pol铆ticos e ideol贸gicos, sobre los que no hay verdades 煤ltimas y, en consecuencia, lo 煤nico sensato es alentar el debate y tolerar las disidencias.

Sin embargo, quienes as铆 piensan, parecen cambiar rotundamente de postura cuando se invoca la salud. Parecer铆a que en cuestiones de salud se lic煤an las diferencias sociales, se eclipsan las diferencias ideol贸gicas y la disidencia pol铆tica se convierte en crimen pasible de castigo. Sin embargo, es evidente, no hay ninguna verdad 煤ltima en cuestiones de salud. Ya la definici贸n misma de qu茅 es la salud y qu茅 es un estado saludable es objeto de discusi贸n, como sabe cualquiera que se haya interesado por estos temas. Y por supuesto, se invoca recurrentemente a la ciencia. 鈥淟as medidas adoptadas han sido adoptadas siguiendo a la ciencia鈥, se repite una y otra vez. Y ello parecer铆a legitimar la censura o persecuci贸n a quien disienta.

Sin embargo, la ciencia es lo contrario a las verdades reveladas. En ciencia no hay verdades 煤ltimas, sino verdades aproximadas e hip贸tesis mejor o peor fundadas. Y, adem谩s, de ning煤n diagn贸stico cient铆fico se deduce de manera necesaria una conclusi贸n en t茅rminos pol铆ticos o praxiol贸gicos. Por ejemplo, del diagn贸stico de 鈥渃谩ncer鈥 no se deriva mec谩nicamente ning煤n tratamiento espec铆fico. Hay varias v铆as de acci贸n ante ese diagn贸stico, y la elecci贸n de cualquiera de ellas no es asunto puramente cient铆fico: intervienen tambi茅n valores, ideolog铆as, situaciones personales, im谩genes del futuro, etc. 驴Es mejor vivir m谩s tiempo con mala calidad de vida, o menos con mejor calidad? No hay respuesta puramente cient铆fica a preguntas de este tenor. Por consiguiente, ni la ciencia ni la salud son el 谩mbito no controversial que invocan quienes silencian a quienes presentan cr铆ticas a los abordajes dominantes ante la pandemia.

Cabria recordar, por lo dem谩s, que quienes ejerc铆an la censura y la persecuci贸n en nombre de la ortodoxia religiosa, de los intereses nacionales o estatales, de la patria o de la salvaci贸n de la revoluci贸n estaban convencidos que sus pareceres eran indubitables y cre铆an con certeza que quienes no los compart铆an eran criminales reales o potenciales. A ellos le parec铆a que nada en esto era controvertido, con la misma certeza (falsa certeza) que ahora muchos y muchas creen que no es discutible la pol铆tica sanitaria y la pol铆tica cient铆fica.

Todo lo que est谩 sucediendo reafirma la hip贸tesis de que en el mundo contempor谩neo se tiende a concebir a la salud casi como una religi贸n, y se cree que la ciencia proporciona certezas cuasi-religiosas. Sin embargo, justamente, la ciencia no proporciona ninguna certeza de ese tipo. Cuando se afirma que una decisi贸n est谩 fundada en la ciencia (o, por el contrario, que carece de fundamento cient铆fico) no se est谩 afirmando (salvo para quienes tienen una visi贸n completamente mitificada) que la acci贸n pol铆tica de que se trate es la 煤nica conclusi贸n necesaria del diagn贸stico cient铆fico de la situaci贸n. Lo que en realidad se est谩 afirmando es que ese accionar es m谩s o menos compatible (o incompatible) con lo que se sabe cient铆ficamente.

Dada la relatividad y las incertidumbres de conocimiento cient铆fico, ninguna pol铆tica de imposiciones obligatorias encaja bien con la ciencia. Mucho menos las pr谩cticas de censura. La ciencia presupone la libertad.

Las respuestas autoritarias adoptadas por las autoridades para afrontar una crisis sanitaria han tenido, como era de prever, continuidad en la censura a quienes se muestran cr铆ticos o esc茅pticos. Y cuanto menos argumentos y hechos se tengan capaces de mostrar que las opciones tomadas eran las m谩s adecuadas, tanta m谩s censura y represi贸n se deber谩 imponer.

Las fuerzas progresistas y de izquierda deber铆an alzar bien fuerte su voz. Innumerables ejemplos hist贸ricos muestran que el recurso a la censura y la represi贸n o la dictadura han pervertido los ideales religiosos, nacionales o revolucionarios. Tambi茅n est谩 pervirtiendo los ideales sanitarios, si esta expresi贸n tuviera alg煤n sentido.

Pero a la censura de autoridades y medios de comunicaci贸n se suma lo que podr铆amos llamar la censura popular, muy activa en las redes sociales. El t茅rmino 鈥渘egacionista鈥 ha alcanzado alturas estelares. Sin embargo, basta rasgu帽ar apenas un poco la superficie para que salte a la vista que es un t茅rmino que es m谩s lo que oculta y confunde, que lo que revela o esclarece. Es indudable que hay quienes piensan que no hay ning煤n virus, que todo es una mentira, una 鈥減landemia鈥 creada y manipulada de comienzo a fin. Pero eso no es lo que piensan la mayor parte de los cient铆ficos y de las personas a quienes se adjudica el mote de 鈥渘egacionistas鈥. Lo que la mayor parte de los cr铆ticos al abordaje dominante de la pandemia critican es la magnitud atribuida al problema, y la eficacia de las medidas adoptadas. El termino 鈥渘egacionista鈥, adem谩s de ser estrictamente inadecuado para designar lo que afirman los acusados de negacionismo, supone adem谩s una artera analog铆a. El t茅rmino negacionista se populariz贸 para describir la actitud de quienes negaban que el Holocausto hubiera ocurrido. Pero no se trata solamente de la diferencia entre un fen贸meno de asesinatos masivos deliberados y la mortalidad provocada por la expansi贸n viral. Hay una diferencia acaso m谩s sustancial.

Los negacionistas del holocausto negaban hechos sucedidos varias d茅cadas atr谩s, sobre cuya ocurrencia no se pod铆a dudar seriamente a la luz de las abrumadoras pruebas disponibles. Pero cabr铆a recordar que, mientras el holocausto estaba sucediendo, muchas personas, muchos periodistas e incluso muchos gobiernos daban poco cr茅dito a las denuncias sobre lo que los nazis estaban perpetrando: se resist铆an a creer que un estado y una poblaci贸n europea pudieran cometer semejantes atrocidades. Incluso muchas v铆ctimas se negaban a creerlo: pensaban que ser铆an deportadas, no asesinadas. Muchos y muchas se negaban a creer que un estado y una naci贸n tan avanzados pudieran perpetrar un genocidio: sencillamente, pensaban, eso no podr铆a suceder. Ahora hay quienes se niegan a creer que las respuestas autoritarias de los estados ante un virus respiratorio sean un aut茅ntico disparate: piensan que las autoridades no pueden equivocarse tanto, o ser tan unilaterales, o dejarse manipular por laboratorios y corporaciones digitales. Si nos dicen que hay que encerrarse, ello solo puede ser por nuestro bien, concluyen. Cabr铆a recordar, en cualquier caso, que las sangr铆as se aplicaron durante siglos, por el bien de las personas. Tambi茅n se fajaba a los ni帽os creyendo que era por su bien. El camino al infierno, reza el refr谩n, est谩 empedrado de buenas intensiones. Convendr铆a no olvidarlo.

La emergencia sanitaria ha llevado a que sean aceptadas socialmente medidas que atentan contra libertades consideradas derechos b谩sicos e inalienables por la mayor parte de las constituciones democr谩tico-liberales. En d茅cadas anteriores, la izquierda -o gran parte de ella- denunciaba con dureza y se movilizaba con fervor ante cada recorte de la libertad, cada retroceso democr谩tico, cada posible se帽al de que se estaba ante una potencial escalada autoritaria o fascistizante. 驴Qu茅 ha sucedido ahora? 驴Por qu茅 la izquierda no ha intentado esbozar siquiera una estrategia propia en radical oposici贸n a las ofrecidas por la burgues铆a? 驴Por qu茅 se ha transformado, mayormente, en un contemplador pasivo o en un activo militante del encierro? 驴Qu茅 es lo que puede haber llevado a algunos sectores de izquierda a solicitarle a gobiernos de derecha la instalaci贸n de controles m谩s estrictos, mayor presencia policial y hasta toques de queda?

El miedo aparece como un primer y poderoso factor. El miedo no es solo al virus, sino tambi茅n a ser se帽alado y acusado de 鈥渘egacionista鈥. Y es tambi茅n el miedo a ser asociados con Trump o Bolsonaro, a ser vistos como irracionalistas que ponen en peligro -por su actitud irresponsable- la vida de miles de seres humanos, o tachados de ignorantes que desaf铆an el 鈥渃onsenso de expertos鈥. Se combinan, de esta forma, miedo, culpa y verg眉enza, con consecuencias que todo indica ser谩n muy negativas para nuestras sociedades y, sobre todo, para los trabajadores y sectores subalternos.

Y ese miedo parece haber funcionado como un verdadero obst谩culo epistemol贸gico. 驴C贸mo explicar, sino, que foucaultianos que hasta ayer ve铆an al poder omnipresente, intentando disciplinarnos, normalizarnos y medicalizarnos, hoy callen o sean adherentes entusiastas de las estrategias dominantes ante la pandemia, expresi贸n particularmente transparente de lo que Michel Foucault analizaba cr铆ticamente como 鈥渂iopoder鈥? 驴Qu茅 ha sucedido con muchos marxistas que a la hora de analizar medidas como toques de queda, cuarentenas obligatorias para sanos y enfermos, o prohibici贸n de reuniones y de espect谩culos p煤blicos han olvidado que, para Karl Marx y la tradici贸n marxista revolucionaria, uno de los componentes fundamentales e insoslayables del estado es el de ser aparato represivo, garante 煤ltimo de la dominaci贸n de clase?

Pero este silencio, este no pensar la situaci贸n desde una perspectiva de izquierda, no solo ha funcionado como un aval a veces pasivo y otras activo -y hasta entusiasta- de las medidas de cierre, sino que tambi茅n ha imposibilitado que algunas cuestiones -que esta pandemia hace muy visibles- se discutan p煤blicamente con la seriedad debida: desde las pol铆ticas sanitarias hasta el papel de las farmac茅uticas; desde las corporaciones tecnol贸gicas 鈥渕etidas a educadoras鈥 hasta la crisis multidimensional del capitalismo. 驴Por qu茅 el posible salto zoon贸tico no ha llevado a colocar el cuestionamiento de las formas de producci贸n y la destructividad creciente del capitalismo respecto a la naturaleza como primer铆simo punto? La obsesi贸n por medidas que no trascienden un sanitarismo y un biologicismo ingenuo evita la adecuada y profunda politizaci贸n del problema: lo deja en el 谩mbito de expertos y de la b煤squedas de soluciones 鈥渢茅cnicas鈥, o lo transforma en un problema moral de 鈥渢odos鈥, que socializa la responsabilidad por enfermos y muertes en supuestas mayor铆as que se niegan a cumplir las 鈥渘ormas sanitarias鈥 avaladas por las autoridades.

La crisis del coronavirus es enfocada como un problema t茅cnico de pocos, o como un problema moral de todos, pero nunca como un problema pol铆tico con connotaciones diferentes seg煤n las clases, los g茅neros, las edades o las regiones geogr谩ficas. Esto no significa que no se tomaran medidas para enfrentar la situaci贸n de pandemia, ni dejar de lado el asesoramiento de especialistas. Pero una cosa es eso, y otra adoptar medidas en forma mim茅tica, sin una discusi贸n p煤blica y racional y desde una perspectiva dogm谩tica, que descartaba aprior铆sticamente todo cuestionamiento a la estrategia dominante y daba la espalda a los debates que se produjeron desde el comienzo en la comunidad cient铆fica.

Gilles Lipovetsky hablaba del 鈥渃rep煤sculo del deber鈥(1), hoy sus tesis -que fueron parte del sentido com煤n postmoderno, seg煤n el cual el 鈥渜uerer鈥 hab铆a triunfado sobre el 鈥渄eber鈥- parecen dif铆cilmente sostenibles. 驴No nos ha mostrado acaso esta crisis la lozan铆a tanto de la culpa, como de una multiplicidad de deberes impuestos a trav茅s de la culpabilizaci贸n de la sociedad, y de informaciones parciales y muchas veces manipuladas? 驴Puede un sistema basado en la explotaci贸n del ser humano y la destrucci贸n sistem谩tica de la naturaleza sostenerse si la ideolog铆a y las clases dominantes no imponen, d铆a tras d铆a, mandatos irracionales y una cierta moral de la resignaci贸n en los sectores subalternos? Esto 煤ltimo -que es un fen贸meno caracter铆stico de las sociedades basadas en la explotaci贸n que muchas veces, de tan naturalizado, se torna poco perceptible- hoy se manifiesta pr铆stinamente.

Pero no basta con se帽alar que ha habido un silencio mayoritario a nivel de la izquierda, habr铆a que reflexionar sobre las causas del mismo e intentar formular algunas posibles hip贸tesis.

Un elemento en que se podr铆a pensar es que las fuerzas de izquierda han tendido a hegemonizar diferentes variantes ideol贸gicas que no se cuestionan el capitalismo como sistema, o que ven la posibilidad de una sociedad socialista para un lejan铆simo futuro. La tan vituperada tesis del 鈥淔in de la historia鈥 de Francis Fukuyama es parte del sentido com煤n, y aunque muchos la rechacen en forma expl铆cita, en forma impl铆cita se mueven dentro de los l铆mites que se帽alaba esa tesis. La mayor铆a de la izquierda ha jugado el rol que Fukuyama auguraba para 茅sta: el de luchar por una mayor igualdad y mayores regulaciones estatales, pero aceptando la democracia electoral propia del capitalismo y la econom铆a de 鈥渕ercado鈥 como el non plus ultra de la humanidad.

Esa izquierda suele ser refractaria a la participaci贸n popular organizada, tiende a soluciones t茅cnicas o a una 鈥渋ngenier铆a fragmentaria鈥 (porque ha tendido a abandonar tambi茅n las pol铆ticas sociales universalistas) que no cuestiona las bases estructurales de la sociedad. Muchos de sus referentes, m谩s que como dirigentes de organizaciones populares, se presentan y autoperciben como especialistas que, por su compromiso 茅tico con los m谩s 鈥渄茅biles鈥 o 鈥渧ulnerables鈥, aportar谩n soluciones mejores para esos sectores que las que podr铆an ofrecer pol铆ticos y t茅cnicos de los partidos conservadores que priorizar谩n el inter茅s empresarial. Pero con mayor o menor experticia, con mejores o peores intenciones, todo queda dentro de un marco capitalista que aparece como supuesto incuestionado. Y esta ha sido la tendencia dominante en gran parte de la izquierda, incluso en sectores que no han dejado de lado una cierta ret贸rica y est茅tica revolucionaria. Pero lo que tal vez se pueda concluir es que esta perspectiva ha tenido un alcance mayor y un arraigo m谩s profundo de lo que se pod铆a percibir antes de la crisis sanitaria.

Pero el problema es que el silencio o la ausencia de una estrategia alternativa basada, entre otras cosas, en el protagonismo popular organizado y en una cr铆tica que colocara al capitalismo como problema, no fue solo una carencia de los sectores de la izquierda que no cuestionan el capitalismo, sino que tuvo un alcance mucho mayor, subsumiendo a sectores sinceramente comprometidos con cambios revolucionarios. Posiblemente, como se帽alaba Erich Fromm en los momentos previos al ascenso del nazismo, tras las derrotas de los intentos revolucioarios e Europa Occidental, predomine -a un nivel no muy consciente- un esp铆ritu de resignaci贸n profunda en gran parte de la clase trabajadora, que se expresa en fen贸menos como el no superar l贸gicas de resistencia, el no plantearse y plantear con mucha mayor decisi贸n la necesidad de superar el capitalismo y pensar en posibles futuros socialistas, o en subordinarse no muy concientemente en muchos casos a la hegemon铆a de las tendencias pol铆tico-ideol贸gicas dominantes.

Otro factor relevante -relacionado con lo anterior- es el predominio de ciertas concepciones sobre el ser humano y la vida que fueron conformando un clima favorable para este tipo de pol铆ticas, y que tambi茅n campean en la izquierda en mayor o menor medida.

El deseo de inmortalidad parece haber resurgido en el presente bajo nuevas formas, ya no como promesa de una vida en el m谩s all谩, sino como posibilidad en el mundo terrenal. Determinadas concepciones parecen concebir al cuerpo m谩s como una m谩quina que siempre puede ser reparada, que como un organismo vivo que lleva en s铆 mismo el germen de su propia destrucci贸n. La muerte es concebida como consecuencia de la acci贸n destructiva de un agente externo; no como parte del proceso mismo de la vida. El mundo exterior se transforma as铆 en peligroso: all铆 est谩n los agentes que provocar谩n una muerte que es evitable si los detenemos a tiempo. Y como los portadores de esos enemigos -muchas veces invisibles- suelen ser los otros seres humanos, debemos evitar su contacto, aislarnos en nuestras burbujas y comunicarnos a trav茅s de las nuevas tecnolog铆as que permiten el milagro de estar juntos sin contacto f铆sico alguno. La fuerte medicalizaci贸n de la sociedad, en que se juegan tambi茅n grandes intereses econ贸micos de las grandes empresas farmac茅uticas, es solidaria con este tipo de concepciones.

Esto refuerza una contradicci贸n que Marx ya hab铆a se帽alado en 鈥淟a cuesti贸n jud铆a鈥. En el capitalismo se produce una contraposici贸n entre el universalismo del ciudadano y el ser humano ego铆sta de la vida econ贸mica. Esto se expresaba en la diferenciaci贸n entre derechos del 鈥渉ombre鈥 y derechos del 鈥渃iudadano鈥. En palabras del fil贸sofo alem谩n:

鈥淩egistremos, ante todo, el hecho de que los llamados derechos humanos, los droits de l鈥檋omme, a diferencia de los droits du citoyen, no son otra cosa que los derechos del miembro de la sociedad burguesa, es decir, del hombre ego铆sta, del hombre separado del hombre y de la comunidad.鈥 La libertad para los derechos del 鈥渉omme鈥 es 鈥渓a libertad del hombre como una m贸nada aislada, replegada sobre s铆 misma.鈥, propios de esa 鈥渟ociedad burguesa鈥 que 鈥渉ace que todo hombre encuentre en otros hombres, no la realizaci贸n, sino, por el contrario, la limitaci贸n de su libertad.鈥 En esta sociedad, 鈥渓a seguridad es el supremo concepto social (鈥), el concepto de la polic铆a, seg煤n el cual toda la sociedad existe solamente para garantizar a cada uno de sus miembros la conservaci贸n de su persona, de sus derechos y de su propiedad.鈥

En esta sociedad -prosigue Marx- 鈥渧emos que los emancipadores pol铆ticos rebajan incluso la ciudadan铆a, la comunidad pol铆tica, al papel de simple medio para la conservaci贸n de estos llamados derechos humanos; que, por tanto, se declara al citoyen servidor del homme ego铆sta, se degrada la esfera en que el hombre se comporta como comunidad por debajo de la esfera en que se comporta como un ser parcial; que, por 煤ltimo, no se considera como verdadero y aut茅ntico hombre al hombre en cuanto ciudadano, sino al hombre en cuanto burgu茅s.鈥(2)

El ciudadano es un simple medio del hombre ego铆sta. La prioridad no son los derechos del ciudadano, sino los del hombre ego铆sta, entre ellos la propiedad. La seguridad est谩 por encima de la libertad y los derechos pol铆ticos del ciudadano. Marx describe una contradicci贸n propia del capitalismo, que posibilita la emancipaci贸n pol铆tica pero no la emancipaci贸n humana, porque la libertad y la igualdad, no son una libertad e igualdad reales, en tanto el capitalismo es una sociedad basada en la explotaci贸n de unos seres humanos por otros.

Si bien esto habr铆a que analizarlo con perspectiva hist贸rica, observando que en algunos momentos esta subordinaci贸n del ciudadano al ser humano ego铆sta se dio en forma m谩s clara, y en otros menos -como producto, entre otras cosas, de las luchas de diferentes sujetos sociales por sus derechos-, en la actual situaci贸n -en que muchos derechos 鈥渄el ciudadano鈥 fueron suspendidos por tiempo indefinido y en que la participaci贸n pol铆tica se encuentra con obst谩culos crecientes-, la 鈥渟eguridad鈥, entendida en t茅rminos sanitarios, se ha transformado en la prioridad absoluta a la que se subordinan todos los otros derechos.

En nuestras sociedades ya preexist铆an pulsiones tendientes al aislamiento. Tendencias agoraf贸bicas y claustrof铆licas por llamarles de alguna forma, que permitieron que estas medidas pudieran imponerse con poca resistencia y hasta con un importante apoyo. En su art铆culo 鈥溌縋or qu茅 socialismo?鈥, Albert Einstein se帽alaba: 鈥淓l hombre s贸lo puede encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedic谩ndose a la sociedad.鈥 Pero en el capitalismo se promueven y fortalecen las pulsiones ego铆stas, y esto implica, entre otras cosas, que 鈥渆l individuo es m谩s consciente que nunca de su dependencia de sociedad. Pero 茅l no ve la dependencia como un hecho positivo, como un lazo org谩nico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia econ贸mica.鈥(3) Estas tendencias ego铆stas sin duda se fortalecen en momentos como el actual, de predominio de individualismo fuerte, de crisis de la izquierda y de ausencia de un horizonte socialista.

El capitalismo y el estado capitalista no son la superaci贸n de la guerra de todos contra todos, sino precisamente su consumaci贸n. En el capitalismo el otro es un competidor, y esta competencia se da no solo entre capitalistas, sino tambi茅n entre trabajadores. Y si bien es cierto que los capitalistas se unen ante el enemigo com煤n que es el proletariado, tambi茅n es cierto que en una 茅poca de derrotismo generalizado y resignaci贸n de masas, las tendencias que predominan a nivel de los sectores subalternos son las tendencias individualistas y competitivas, no las solidarias que est谩n en la matriz de sindicatos aut贸nomos y clasistas, las sociedades de ayuda mutua o de las organizaciones pol铆ticas de la clase trabajadora.

Una de las consecuencias m谩s preocupantes de esta ausencia de mirada y estrategia propia, de cuestionamientos a las imposiciones de la ideolog铆a dominante y de la clase explotadora, es que la izquierda confirma la tendencia de ceder el espacio de la rebeld铆a y la transgresi贸n a la derecha. La derecha ocupa as铆, a la vez, el lugar de principal defensora del orden pol铆tico, y tambi茅n -demag贸gicamente- el lugar de la cr铆tica y la oposici贸n radical, cedido por la mayor parte de la izquierda, que solo ejerce algunos tibios cuestionamientos dentro de los marcos preestablecidos y de lo aceptable por la pol铆tica dominante. Una izquierda protocolizada y protocolizante que ya no quiere ser vista como una anomal铆a, como una amenaza, como fuerza subversiva.

Tambi茅n habr铆a que pensar si el irracionalismo de las teor铆as conspiranoicas no tiene su correlato, tambi茅n irracional, en las teor铆as que tachan a toda cr铆tica a las estrategias dominantes ante la pandemia de 鈥渃onspiranoia鈥 y 鈥渘egacionismo鈥. Un irracionalismo que dif铆cilmente se reconozca como tal, en tanto se sit煤a en el lugar de la raz贸n y la verdad cient铆fica con may煤sculas. Pero el dogmatismo y la ausencia de dudas es precisamente la negaci贸n de la raz贸n. Suponer que hay un 鈥渃onsenso de expertos鈥 sobre los diferentes aspectos relacionados con la pandemia y que el 鈥渃onsenso de expertos鈥 puede ser elevado al estatus de criterio de verdad contradice los hechos y la pr谩ctica cient铆fica misma.

Este dogmatismo lo vemos en la defensa cerrada e irracional que muchos ensayan de las estrategias de encierro generalizado hasta el d铆a de hoy, (4) cuando ya hay bastante evidencia de que no solo no disminuyeron los casos con las cuarentenas eternas, sino que los pa铆ses que ocupan los primeros lugares en n煤mero de muertos son aquellos que adoptaron medidas m谩s duras. Y si es una teor铆a irracionalista aquella que reduce la ciencia a ideolog铆a, tambi茅n parece una actitud irracional y de 鈥渘egaci贸n鈥 aquella que niega todo condicionamiento ideol贸gico o pol铆tico en la ciencia, y que est谩 siempre dispuesta a tachar de 鈥渃onspiranoica鈥 a toda hip贸tesis que se帽ale la posible incidencia de las ideas dominantes o de los grandes conglomerados empresariales en la definici贸n de determinadas pol铆ticas.

Entre el catastrofismo talibanista sanitario de unos, y el negacionismo conspiranoico de otros, el pensamiento cr铆tico se ha visto acorralado, y tanto la reflexi贸n como la acci贸n durante la pandemia se ha dado enteramente, con contadas excepciones, en los estrictos marcos de lo aceptable para los poderes establecidos. Ante esto, no cabe ni re铆r ni llorar. Lo que cuadra es constatar lo sucedido y pugnar por radicalizar, a la vez, la comprensi贸n del mundo y las pr谩cticas pol铆ticas con las que pretendemos transformarlo.

notas:
1) 鈥淓l deber se escrib铆a con may煤sculas, nosotros lo miniaturizamos; era sobrio, nosotros organizamos shows recreativos; ordenaba la sumisi贸n incondicional del deseo a la ley, nosotros lo reconciliamos con el placer y el seif-interest. El 芦es necesario禄 cede paso al hechizo de la felicidad, la obligaci贸n categ贸rica al est铆mulo de los sentidos, lo prohibido irrefragable a las regulaciones a la carta. La ret贸rica sentenciosa del deber ya noest谩 en el coraz贸n de nuestra cultura, la hemos reemplazado porlas solicitaciones del deseo, los consejos de la psicolog铆a, las promesas de. la felicidad aqu铆 y ahora. (鈥) La cultura sacrificial del deber ha muerto, hemos entrado en elper铆odo posmoralista de las democracias.鈥 Lipovetsky, Gilles, El crep煤sculo del deber, Anagrama, Barcelona, 1992, pp. 46-47.

2) Marx, Karl, Sobre la cuesti贸n jud铆a, pp. 20-25, en http://catedras.mabelthwaitesrey.com.ar/wp-content/uploads/2020/03/Marx-

3) Einstein, Albert, 鈥溌縋or qu茅 socialismo?鈥, en: https://www.marxists.org/espanol/einstein/por_que.htm

4) Tambi茅n nos encontramos con 鈥渘egaciones鈥 de los 鈥渁ntinegacionistas鈥, que dejaron de lado toda duda razonable y todo escepticismo met贸dico, afirmando como indudables determinadas certezas. El posible origen artificial del virus, como una hip贸tesis posible, fue negado radicalmente y todo el que sugiriera esa conjetura era calificado de 鈥渋rracional鈥, de 鈥渃onspiranoico鈥 y de negar la evidencia cient铆fica que hab铆a sido definitivamente demostrada en algunos papers publicados en revistas 鈥渆specializadas鈥. Sin embargo, esa certeza absoluta hoy parece haber dejado lugar a una duda razonable, a nivel period铆stico, cient铆fico y gubernamental. En el art铆culo 驴Hubo una fuga del virus en el laboratorio de Wuhan?鈥 de Jonathan Cook, se realiza un interesante an谩lisis al respecto de este punto: https://rebelion.org/hubo-una-fuga-del-virus-en-el-laboratorio-de-wuhan

fuente: https://www.reactiva.com.uy/el-silencio-no-es-salud

texto en PDF
https://ecotropia.noblogs.org/files/2021/07/El-silencio-no-es-salud.pdf




Autor font: Barcelona.indymedia.org