Desembre 1, 2021
Per Indymedia Barcelona
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Kiev, 2014

La plaza de la independencia en Kiev es mundialmente conocida como Maidan (Майдан, plaza en ucraniano). Por esa plaza es por lo que Maidan (a veces, euromaidan) llamamos al proceso de insurrección y golpe de estado ocurrido en 2014 en Ucrania tras varios meses de protestas centradas en esa plaza. Pero lo importante del Maidan no es tan sólo lo que ocurre a partir de las noches de febrero en las que miles de militantes fascistas armados se enfrentan a la policía, sino cómo se llega a ese punto. La ocupación de la plaza se produce a finales de noviembre, encendiendo la polémica sobre el presidente Yanukovich y generando una crisis política a partir de la toma de esa plaza. Los meses que siguen van pasando en una supuesta guerra de posiciones entre facciones…que hegemonizan Svoboda y Pravy Sektor[1]. Todo el proceso parece coincidir con un muy mal momento para los intereses europeístas en una Ucrania indecisa entre este y oeste, por lo que la propia forma desestabilizadora del movimiento hace que sirva de golpe de ariete al sistema político interno del país y lo precipite a un régimen fascistizado y a la guerra en el este.[2]

Lo significativo del Maidan es que puso punto y final a la idealización del “movimiento de las plazas” que arranca a rebufo de la primavera árabe de 2011. Si quedaba alguien que seguía pensando que se podían conseguir cambios políticos significativos mediante la ocupación de plazas y “darle voz al pueblo”[3], el Maidan vino a enseñarle el rostro descarnado de lo que es una insurrección reaccionaria y cómo sobre algunas ideas transversales y aceptables se puede armar un movimiento político abiertamente fascista en la Europa del siglo XXI. La acampada del Maidan agitaba públicamente contra la corrupción, pero tan sólo abría la puerta a una reorientación geopolítica del país en clave nacionalista. La gran mayoría de las fuerzas progresistas, anticapitalistas y revolucionarias pudo percibirlo claramente y en ese sentido sus posiciones, aunque pecasen de “ninismo”, eran claras: con los fascistas nada.[4] Ucrania demostró que las reivindicaciones por sí mismas no son nada y que la fuerza política y social lo es todo, tanto para provocar cambios como para resistirlos.

Europa, 2021.

Desde la declaración de la pandemia por el virus COVID19 el pasado 11 de marzo de 2020 no es posible entender la realidad social sin el impacto de la misma. Uno de los principales efectos de la misma es la existencia una acampada en toda Europa (y otras partes del mundo) que se han catalogado primero como negacionista y después como antivacunas. Es una acampada figurada, difusa, con mucha presencia en redes y poca en plazas, pero que va corroyendo los consensos de los espacios políticos existentes, cómo hizo el Maidan con la Ucrania de Yanukovich. A qué puede llevar a Europa todavía no lo sabemos. Este artículo pretende ser una llamada de atención, esperemos que innecesaria y exagerada, y un pequeño argumentario para quienes compartan esta preocupación.

Vivimos una época en la que el capitalismo está mutando preso de sus propias crisis. El choque con los límites internos –caída de la tasa de ganancia- y externos –límites biofísicos- está forzando una reestructuración global cuyo resultado es incierto pero que ya tenemos bastante claro que no va a resolverse con un reinicio de una época dorada de acumulación y despliegue industrial. Desde luego, no para las sociedades del centro global y en particular para las europeas. La salida de las élites en este momento está siendo optar por una acumulación por desposesión combinada con un cierre autoritario, lo que lleva a amplios sectores de población el norte global a enfrentarse a un proceso de proletarización y privación de libertades.

El sentido común de época es fruto de esa coyuntura y oscila entre la narrativa del apocalipsis y la decadencia al tecnooptimismo y las soluciones individualizantes. La pandemia ha acelerado estos procesos y agudizado las tensiones que ya anidaban en la consciencia y subconsciencia colectiva. Es aquí en donde aparece este maidan antivacunas como una salida falsa ante el cierre autoritario y la proletarización. Se ofrecen una serie de explicaciones alternativas y simplificatorias a la pandemia y a la situación a la que nos ha llevado que permiten posicionarse individualmente en rebeldía, lo que le da una dimensión política clara al fenómeno.

No es la intención de este texto diagnosticar con precisión todo lo relativo a la pandemia porque sencillamente es inabarcable, vamos a tener que convivir con muchas dudas.[5] Esto es en sí mismo una toma de partido: la incertidumbre nos va a acompañar durante muchos años convulsos. Evitemos que se convierta en frustración.

1º Luz que deslumbra: las explicaciones a la pandemia

La avalancha de datos e informaciones de tendencias, incidencias, altas, bajas y muertes ha saturado la percepción de la situación. Sin duda, ha habido una tendencia desde determinadas facciones empresariales en alimentar la desinformación, como veremos, pero el problema que tenemos no viene exclusivamente de ahí.

Encontramos cuatro bloques de argumentos:

La enfermedad “no es para tanto” o no existe.[6]
Las medidas no son necesarias o son eficaces o son excesivas (o todo a la vez).[7]
La vacunación no es necesaria o no es eficaz o es perjudicial.[8]
En la pandemia todo es inédito y ocurre por primera vez en la historia.[9]
Los tres primeros bloques son, por lo general, comprensibles y se basan en noticias o datos muy particulares que generan dudas perfectamente legítimas mientras que el cuarto bloque es el que tiene más que ver con una percepción ideológica[10] de nuestra época. La avalancha de datos y las situaciones que hemos tenido que vivir generan innumerables dudas legítimas. Por descontado, sabemos que desde hace décadas existe una subcultura dedicada a la conspiración más retorcida que mueve millones de euros y que llega habitualmente a las horas de máxima audiencia de las televisiones generalistas: Cuarto Milenio, Mundo Desconocido…Que hay todo un universo de conspiraciones con sus aficionados e incondicionales es algo que conocemos y cuyas implicaciones políticas conocemos.[11] La combinación de dudas y conspiraciones ha hecho crecer como una bola de nieve algunos fenómenos anteriormente marginales[12]: los primeros días de junio llegaba al telediario que las vacunas imantaban el cuerpo. Pero esto es anecdótico y no es de lo que hablamos. De hecho, esto es el síntoma de que algo más grave se está fraguando en el subconsciente colectivo que es lo que se señala en este texto.

El maidan antivacunas se enroca en un movimiento: adoptar determinadas respuestas a la incertidumbre como posicionamientos. En encadenamiento que va de la pandemia se exagera – las medidas son excesivas e inútiles – la vacuna mata establece un punto de no retorno en un amplio número de personas de todo el continente. Sin pretender establecer un análisis psicológico del fenómeno, cruzar ese punto hace que la gente se identifique como un otro de las instituciones e incluso de la propia sociedad, con independencia de sus posicionamientos de partida. Las trayectorias individuales son variadas y seguramente comprensibles. En muchos casos podemos empatizar con quienes adoptan explicaciones irracionales por cualquier motivación personal. Es un acto de paternalismo o de compasión religiosa intrascendete. El problema lo tenemos cuando esta osificación de las posiciones cala en el subconsciente colectivo y que se adopte por los espacios políticos antagonistas, porque la potencia política de esa identificación como un otro antisocial es lo importante.

De camino, hay que señalar que el primer perjudicado de este proceso de fetichización de las posiciones en la pandemia es el pensamiento crítico en cuyo nombre se suelen lanzar los alegatos más viscerales. Los debates sobre las distintas estrategias de contención del virus y su dimensión política quedan sistemáticamente ahogados por la intransigencia de quienes han puesto todo el sistema de conocimiento establecido bajo sospecha. Estos alegatos salvan sus incongruencias señalando el dominio infranqueable de toda ciencia al servicio del capital, del poder o de “las élites”[13]. La ciencia[14] y el sistema de salud capitalista[15] se han visto comprometidos en esta coyuntura, pero eso no justifica la explicación conspirativa por la cual todos sin excepción están comprados: trabajadores sanitarios, de investigación, periodistas…

El problema que tenemos a corto plazo con el maidan antivacunas es que tiene una gran potencia en la generación de relato. Un relato sobre la pandemia y sus remedios centrado en determinadas respuestas dogmáticas dadas a preguntas muy determinadas: pandemia sí o no / confinamiento sí o no / vacunas sí o no. Sobre eso se construye una narración de los hechos que permite a quien la suscribe inhibirse de responsabilidades reales (como las miles de muertes evitables) o sospechadas (como los graves efectos de las vacunas). A nivel colectivo, supone un disolvente para la posibilidad de afrontar colectivamente la pandemia porque se parte de la hostilidad a cualquier compromiso. De ahí la pertinencia hablar del Kiev de 2014. Durante meses la prensa occidental y determinados grupos políticos fascistas en el terreno consiguieron crear un clima favorable a que pudiera ocurrir lo que finalmente ocurrió: un golpe de Estado. Lo que no sabemos con este maidan es para qué está preparando el terreno. Aunque nos lo podamos imaginar.

2º Agitando el árbol

Las protestas por las libertades individuales se han multiplicado en 2020.[16] No por la falta de libertad intrínseca al régimen de explotación capitalista (con fronteras, cárceles, CIEs…y salarios), sino como respuesta a las medidas anti-covid: confinamiento, mascarilla, toques de queda, cierres de establecimientos públicos… La clave de distintas protestas ha sido, generalmente, reaccionar a las medidas dictadas por las instituciones por considerarlas nocivas para las libertades individuales y la economía. Nadie se sorprende de saber que la ultraderecha campa ya a sus anchas por Europa y que en estas movilizaciones ha sido una parte fundamental. La toma del Reichstag en Berlín el 30 de agosto de 2020, el asalto a la sede del CGIL en Roma el 9 de octubre de 2021, el golpe desarticulado en Francia el 28 de ese mismo mes…[17] El clima político en Europa se precipita hacia una espiral de fanatización en paralelo al declive económico y la subordinación a otras potencias globales emergentes. En este contexto, los sectores fascistas más avanzados son perfectamente conscientes de la oportunidad que les brinda el maidan antivacunas.[18] Es su espacio político natural: la rebeldía autopercibida como minoritaria y subversiva.

También ha habido movilización explícitamente antivacunas convocadas por entidades que han ido surgiendo y coagulando un importante capital movilizador y, sobretodo, capacidad comunicativa y jurídica. Sin salir de los Pirineos, tenemos desde las asociaciones Médicos/Biólogos por la verdad hasta la Asociación Liberum, pasando por grupos de Telegram masivos como afectados por las vacunas hasta las manifestaciones que sucedieron en Madrid el 16 de agosto de 2020 o el 23 de enero de 2021, el maidan antivacunas tiene un cuerpo propio e independiente de partidos y asociaciones previas.

Pero por supuesto estamos lejos de declarar Europa como un continente echado a perder. Estos meses se han dado amplias movilizaciones y luchas sociales en las que se ha tratado la cuestión sanitaria con acierto.[19] Cabe destacar aquí lo ocurrido en Italia en vísperas de la introducción obligatoria de pasaporte-covid para trabajar (15 de octubre). Días después del sonado asalto a la sede del CGIL, los sindicatos de base tenían convocada una huelga general[20] contra distintas medidas del gobierno y especialmente contra los recortes en sanidad. Desde algunos sectores se intentó hacer de la jornada un alegato contra el pasaporte-covid[21] a pesar de no ser, según los convocantes, más que una cortina de humo de las verdaderas políticas a combatir[22]. La huelga no fue masiva, pero sí que permite ver el choque entre quienes tienen una agenda sindical y política amplia y socialista y quienes sólo quieren tematizar toda movilización en torno a las libertades individuales. Días después de esta huelga entra en vigor el pasaporte-covid (15 de octubre) con la mediática y aislada huelga de los portuarios de Trieste en su contra[23].

Para finales de 2021, tras una relativamente exitosa campaña de vacunación pero con el final de la pandemia aún lejos[24], la ofensiva se recrudece[25] a medida que los gobiernos muestran su agotamiento tensionados a la vez por una situación económica inaudita marcada por los problemas de suministro de materias primas y mercancías.

3º Resistir para vencer

Toda esta preocupación es compartida. La imposición del pasaporte-covid ha levantado una oleada de posicionamientos individuales contrarios al mismo[26]…pero aún más contrarios con esa incómoda presencia que nos acompaña y que aquí se está llamando maidan antivacunas. Porque no es un posicionamiento aislado, ni la deriva excéntrica de algunas personas, ni una campaña de un grupo de fascistas: es la puesta en escena de unos mecanismos ideológicos que nos son hostiles.

Hay quien interpreta todo esto como un aumento de la polarización social en consonancia con todo el discurso antifake-news y antipopulismos[27]. A estas alturas parece sensato pensar que hay algo más, un salto cualitativo. Ese salto es, sin duda, la transversalidad de este movimiento, a diferencia de otros fenómenos encuadrables en la oleada de derechización de Europa: nacionalismo, racismo, antifeminismo, antiecologismo… Cuando el CIS encuesta a quienes son hostiles a la vacunación no se aprecian importantes asociaciones con el espectro ideológico ni con la posición socio-económica.[28]

La cuestión entonces es qué hacer. ¿Dedicarnos a desmontar bulos?¿Propaganda?¿Ignorar el fenómeno?¿Asumir el marco simplista de que todo esto es una simple fascistización ante la que nada se puede hacer? La pregunta más acuciante tampoco es ninguna de esas, sino que tiene que ver con lo que se deja de hacer ¿es prioritario oponerse a las medidas estatales nocivas o desactivar el empuje del irracionalismo? Estamos ahí ante un falso dilema: sostener una posición propia contra la pandemia eliminará el espacio para cualquier maidan.

El problema entonces es cómo sostener una posición propia que sea solvente. En esto, por desgracia, hay que volver a mirar al Kiev de 2014: sin unas estructuras populares suficientes no es posible resistir el embate de quien sí está organizado y ha creado un clima político propicio para sus movimientos. Tras el golpe, el dique de contención contra la fascistización de toda Ucrania fue el antifascismo rusófilo –y prácticamente étnico- de gran parte de la población, cuya resistencia derivó en la guerra del Este. ¿Por qué pudo sostenerse una resistencia así? Por la existencia de estructuras sociales con su agenda propia, que en el caso ucraniano era especialmente geopolítica.

En nuestro caso, la capacidad de nuestras estructuras sociales autónomas de, al menos, condicionar la estrategia colectiva contra la pandemia es muy modesta, como lo es a la hora de condicionar otro tipo de políticas. Esto pone sobre la mesa el principal problema de cualquiera que quiera honradamente “solucionar” la crisis pandémica, ecosocial o incluso civilizatoria en la que no encontramos: la articulación de fuerza social. Sin pretender la acumulación de fuerza, la adopción de un programa y de una estrategia y la organización permanente de las estructuras militantes para tener capacidad de intervención social y política, todo lo que pretendamos está vacío.

Por ello, las llamadas a la rebelión inmediata, a la “insumisión vacunal” o cualquier otra táctica improvisada lo único que beneficia es al polo que ya está firmemente organizado y tiene sus estrategias para “resolver” la crisis: los aparatos del poder de clase capitalista.[29] Y de eso va el riesgo inmediato del maidan antivacunas, sin menospreciar el poder corrosivo que pueda tener la difusión de esquemas políticos individualistas en el imprescindible fortalecimiento popular.

Cuando hablamos de una posición propia ¿de qué estamos hablando? Pues de algunas cuestiones concretas que permiten arrinconar a la crítica corrosiva contra la inacción de la izquierda:

Necesitamos medidas de autoprotección de la salud que nos liberen de la arbitrariedad del oportunismo político. Tenemos muchas vías para reclamar una estrategia de autoprotección con la evidencia que ya tenemos que se pueda aplicar desde nuestros espacios autónomos, en las reivindicaciones sindicales sobre salud laboral o en las reivindicaciones vecinales para su cumplimiento en espacios públicos. Ventilación, filtrado, trazabilidad y muestreo son herramientas eficaces que no debemos dejar que caigan en desuso o sean reemplazadas por pasaportes de vacunación y otras medidas inciertas.[30]

No al pago de la deuda sanitaria. Retomando las reivindicaciones centrales del anterior ciclo de luchas contra la austeridad en Europa y contra el espejismo de un nuevo tiempo para la Unión Europea, podemos reivindicar la necesidad de insubordinarse a los contratos marco firmados por la Comisión Europea para la compra de vacunas a grandes empresas farmaceúticas. Disputar los beneficios de la producción de vacunas para su reinversión en el sistema sanitario o investigador público es el punto de partida de muchas reivindicaciones estratégicas.

Contra futuras pandemias nada se ha hecho. Esto no tienen nada que ver con la Ley de Pandemias que se está sacando de la chistera el Partido Popular, sino con señalar el origen de pandemias como esta o de otras amenazas biológicas[31] que ya tenemos a las puertas y que para afrontarlas vamos a necesitar mucha más autodefensa sanitaria que insumisión vacunal.

Salud.

Noviembre de 2021
G. Juncales @gjuncales

[1] En este repaso de los testimonios de gente implicada queda claro lo reducido y controlado del movimiento: https://www.alasbarricadas.org/noticias/node/28923

[2] El Maidan no fue una operación exclusivamente geopolítica ni unicausal, como algunos analistas pretenden hacer ver. Las fuerzas políticas internas fueron determinantes y tenían un programa propio: https://www.lahaine.org/mundo.php/nazi-maidan-y-golpe-de-Estado-en-ucran

[3] Quedan para la posteridad los comunicados de la intelectualidad occidental (https://elpais.com/internacional/2014/01/24/actualidad/1390584685_165358) y de algunos militantes (https://rojoynegro.info/articulo/ucrania-como-egipto/) así como un enfoque edulcorado al conflicto queriendo rebajar la centralidad de las fuerzas fascistas (https://www.diagonalperiodico.net/global/21864-aumenta-la-violencia-la-p).

[4] Sirva de ejemplo por lo breve y lo conciso, la nota de la sección rusa de la AIT al respecto: https://www.aitrus.info/node/3541

[5] No obstante, si hay algunos elementos básicos a tener en cuenta sobre la naturaleza de esta y otras pandemias que puedan venir. Como referencia, recomendar “El murciélago y el capital” de Andreas Malm (Errata Naturae, 2021).

[6] Por poner un ejemplo moderado de estas argumentación, es la línea sostenida por Paz Francés, José R. Loayssa y Ariel Petruccelli (aquí: https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/covid-19-autoritarismo-e-izqui , aquí: https://www.naiz.eus/es/hemeroteca/gara/editions/2021-05-26/hemeroteca_a o aquí: https://rojoynegro.info/articulo/entrevista-sobre-el-libro-covid-19-la-r/ y en el libro que refiere la entrevista). Según este razonamiento, en realidad la pandemia nunca debía de haberse declarado porque finalmente no ha tenido tanto impacto como se preveía cuando se declaró. Esto omite, claro, que la declaración de pandemia y la adopción de medidas haya sido lo que ha evitado los peores escenarios. Estos autores articulan partiendo de esa argumentación todo un discurso crítico con la izquierda por haber permitido adoptar esas medidas cuando eran “innecesarias”, siendo todo lo relacionado con la pandemia una exageración y una manipulación.

[7] En esta línea argumental es habitual la defensa de tratamientos alternativos que se argumenta han sido demonizados y arrinconados. Por ejemplo, en estos artículos de Ángeles Maestro (https://www.elsaltodiario.com/laplaza/politicas-de-exacerbacion-del-mied) o Margarita Mediavilla (https://www.15-15-15.org/webzine/2021/11/14/dinamicas-incubadas-en-un-an/) se hace una defensa de tratamientos alternativos que en principio podrían terminar fácilmente con la pandemia, a diferencia de todas las medidas adoptadas hasta ahora –incluida la vacunación masiva-.

También abunda la comparación con las situaciones de países africanos o asiáticos en los que sin apenas medidas restrictivas–y en algunos casos, sin sistema sanitario- no ha habido un gran impacto de la pandemia. En este caso, lo que se ignora es que la pandemia está intrínsecamente vinculada a los flujos globales de mercancías y pasajeros que conectan fuertemente algunas regiones del mundo mientras otras quedan relegadas.

[8] Desde que se anuncia el desarrollo de vacunas anticovid, aparece una importante crítica contra las mismas que asume que son inseguras y/o ineficaces. Los ejemplos son innumerables y desde hace más de un año hay todo un bloque hostil con la vacunación enrocado en señalar, en líneas generales, tanto que la vacunación es ineficaz como que es dañina por sus efectos adversos, por lo que la relación coste/beneficio no es favorable.

[9] Combinado con el resto de bloques argumentales, esta es la principal argumentación que sostiene el Grupo Amor y Rabia, cuya línea editorial respecto de la pandemia se centra en señalar las transformaciones del capitalismo coincidentes con la pandemia https://noticiasayr.blogspot.com/2021/01/coronavirus-y-crisis-sistemica.

[10] En el sentido de falsa.

[11] Por no abundar más en el asunto, dejamos este análisis del mundillo conspiranoico y sus orígenes: https://www.alasbarricadas.org/noticias/node/26231 o este otro más centrado en la dimensión psicológica de las teorías de conspiración: https://contracultura.cc/2021/08/02/teorias-de-la-conspiracion-que-son-q/

[12] Como bien indican en esta entrada, el puente está en las llamadas pseudociencias y, en general, en las carencias educativas sobre lo que es realmente ciencia sin mistificaciones: https://www.elsaltodiario.com/paradoja-jevons-ciencia-poder/la-lucha-con

[13] Una excelente crítica de las posiciones que toman el análisis de las medidas estatales contra el virus en clave de domino biopolítico se puede encontrar aquí: http://barbaria.net/2021/09/27/pandemia-y-control-social/

[14] Por ejemplo, una polémica real que ha demostrado los vicios del sistema de producción de conocimiento científico es la que se ha dado en el debate sobre los modos de transmisión del virus: https://wellcomeopenresearch.org/articles/6-126

[15] La crítica del sistema de salud al servicio del capitalismo, como otros tantos servicios propios del Estado del bienestar, no es nueva. Si bien con la pandemia se ha reforzado el consenso sobre la necesidad de una sanidad pública fortalecida, sigue siendo necesaria la disputa sobre qué sanidad es realmente necesaria: https://gedar.eus/kolaborazioak/kolitza_/osasun-politika-sozialista-bati/

[16] Este estudio sobre las movilizaciones mundiales lo demuestra: https://link.springer.com/book/10.1007/978-3-030-88513-7

[17] A menor escala y con menor impacto, también el fascismo español ha hecho lo posible por capitalizar el descontento en la pandemia. Su éxito ha sido notablemente menor que en otros países. Un repaso a sus movilizaciones y posicionamientos: https://www.rosalux.eu/es/article/1973.la-extrema-derecha-durante-la-pan

[18] Ante esto tenemos la reacción, con buen criterio para sus intereses, de la derecha liberal “convencional” española. A través de uno de sus principales iconos mediáticos durante dos décadas, Jiménez Losantos, se lanzó una ofensiva por arrinconar los sectores bebelejías de Vox, empezando por Abascal. En esta noticia se recoge bien el recorrido de la polémica y los bandos en disputa dentro de las nuevas derechas españolas https://www.eldiario.es/politica/extrema-derecha-medios-afines-chocan-va

[19] En este sentido cabe señalar como se hace aquí el contexto represivo ya existente en Europa antes de la pandemia: https://alasbarricadas.org/noticias/node/46429

[20] La convocatoria en la USI https://usi-cit.org/sciopero-generale-del-sindacalismo-di-base-spostato-/, traducido a castellano: https://rojoynegro.info/articulo/11-octubre-2021-huelga-unitaria-del-sin/

[21] Tanto de sectores externos a la convocatoria: https://www.ilfattoquotidiano.it/2021/10/11/roma-studenti-strappano-stri/ como en algún caso, sectores de los propios convocantes: https://www.dire.it/11-10-2021/675723-sciopero-generale-dei-sindacati-di/

[22] Ver declaraciones de los convocantes: https://www.triesteallnews.it/2021/10/sciopero-generale-nazionale-11-ott/

[23] Aquí es donde se ve con mayor claridad las prioridades a las que lleva el posicionamiento antivacunas. Dejamos por ejemplo la declaración de la sección Rusa de la AIT al respecto, ya sin las cautelas antifascistas que indicaban cuando el Maidan ucraniano de 2014: https://aitrus.info/node/5805

[24] Frene a los discursos oficiales vertidos por oportunistas a sueldo, lo previsto es que haya más oleadas de contagios, más vacunaciones (y mejores) y que poco a poco vayamos avanzando hacia un Estado de enfermedad endémica. Eso no significa que haya simplemente que esperar: las medidas, la vacunación y las oleadas de contagios son un proceso. Aquí algunas explicaciones un poco técnicas a esto: https://www.elsevier.es//en-revista-open-respiratory-archives-11-articul

[25] Durante todo el otoño de 2021 la mayoría de los países europeos se encuentran en una ola de contagios que ha provocado el colapso hospitalario en algunas zonas de Alemania o Austria. Esta ola ha llegado a los países ibéricos a mediados de noviembre. Los Estados europeos han respondido como hasta la fecha, con medidas erráticas y oportunistas en clave represiva: pasaporte vacunal incluso para trabajar (caso italiano), confinamiento selectivo (caso de Austria)… Con la llegada de esas medidas a algunas autonomías españolas, a finales de noviembre se intensifica la agitación, incluyendo algunas convocatorias públicas (27 de noviembre en Valencia, Bilbao y Barcelona).

[26] Esto no es único del sur de los Pirineos. Por su claridad, merece ser tenida en cuenta la postura de la UCL francófona [No al pasaporte-covid, por una vacunación amplia y accesible]: https://www.unioncommunistelibertaire.org/?Non-au-pass-sanitaire-pour-un

A este lado, tenemos algunas voces que lo señalan como innecesario (https://blogs.publico.es/otrasmiradas/53716/el-castigo-a-los-no-vacunado/), sin que haya posicionamientos públicos significativos de organizaciones denunciándolo. La única excepción a esta hora son las organizaciones del Movimiento Socialista Vasco (https://gedar.eus/aktualitatea/covid-ziurtagiriari-ezetz-esateko-protest/).

[27] Incluso en nuestras coordenadas políticas hay que interpreta en esta clave la situación, como en este posicionamiento desde Francia (recomendado, a pesar de los comentarios de la línea editorial): https://noticiasayr.blogspot.com/2021/07/pandemia-vacuna-certificado-de.

[28] A pesar de los muñecos de paja con los que nos queramos engañar (https://www.eldiario.es/sociedad/perfil-no-vacunados-cis-jovenes-vox-abs), los datos hablan por sí mismos: http://www.cis.es/cis/opencms/ES/NoticiasNovedades/InfoCIS/2021/Document

[29] Por poner algunos ejemplos:
La reclamación de tratamientos alternativos (ivermectina, hidroxicloroquina, vitamina D…) es una salida argumental habitual entre quienes son hostiles a la vacunación por cualquiera de los motivos. Sin embargo, se obvia constantemente que dichos medicamentos están sujetos a las mismas lógicas mercantiles que las vacunas, que también son susceptibles de tener efectos adversos…y que abundan en la dependencia farmacológica del sistema de salud. Al final, todo se traduce en campañas de promoción mercantil que son especialmente fructíferas en sistemas de salud como el estadounidense, muy propenso a la “librecompetencia” entre tratamientos, osea, al emprendimiento sanitario que es más complejo allí donde el sistema de salud público tiene un gran alcance. Tal ha sido el caso de la ivermectina, hasta el punto en que se alerta de que se pueda perjudicar su uso conocido y probado como antiparasitario: https://www.thelancet.com/journals/laninf/article/PIIS1473-3099(21)00630-7/fulltext
La campaña de hostilidad contra la vacunación masiva basada en el sobredimensionamiento de los efectos adversos nace de la propia competencia interempresarial. La campaña contra AstraZeneca por los trombos registrados fue convenientemente alimentada por el espectro mediático más cercano a los intereses empresariales y políticos (inseparables) de las otras grandes farmaceúticas que habían perdido la pole en la campaña de vacunación: Pfizer y Moderna. A partir de ahí, se forma un espectro de antivacunas reticentes a tratarse que, si bien en la península es muy pequeño, en otros países de Europa compromete la eficacia de la vacunación como profilaxis colectiva. La respuesta a esta coyuntura ha sido la introducción de pasaportes-covid, una medida populista y caprichosa pero muy efectista en manos del oportunismo político que gobierna en Europa, porque le permite situar a nivel individual la “inmunización” ante la pandemia y rentabilizar electoralmente al otro –antivacunas-.

[30] Por no mencionar que tenemos países en el mundo con estrategias de contención muy exitosas que tomar de ejemplo, frente a los bulos que circulan de remedios milagrosos. Si bien el caso Chino es muy particular por sus características sociales e institucionales –por ahora-, el modelo cubano no debería de parecernos tan excesivamente utópico. Durante meses han mantenido la pandemia bajo control con medidas de seguimiento y mitigación de contagios, para después proceder a una vacunación masiva con fármacos de desarrollo propio: https://www.lahaine.org/mm_ss_mundo.php/cuba-puntero-de-america-en

[31] Por ejemplo, la de organismos resistentes a antibióticos: https://www.technologyreview.es//s/13471/la-proxima-gran-pandemia-la-res




Autor font: Barcelona.indymedia.org