Gener 23, 2022
Per Indymedia Barcelona
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División en el anarcosindicalismo. Reflexiones al aire.

Carta abierta de un cenetista de a pie.

Mi militancia anarcosindical, o activismo, se desarrolla a través de un Sindicato de una ciudad pequeña del Aragón rural y desde los años ochenta. Circunstancia que no ha impedido vivir en primera persona una de las historias más duras del anarcosindicalismo español del postfranquismo, como fue la “división ideológica” de la organización histórica CNT y su consiguiente fragmentación en varios grupos, y que tiempo después daría como resultado la creación de la actual CGT.

Esa experiencia vivida en esos años de veinteañero, sin ánimo de frivolizar, fue muy enriquecedora. Tuve la suerte de compartir esa época con militantes excepcionales; compañeros que habían participado en la Revolución de 1936. Algunos habían sido alumnos de José Alberola, pero también de Félix Carrasquer en la Escuela de Militantes de Aragón. Perdieron la guerra, padecieron exilio, cárcel, exilio interior…pero no se rindieron, y mantuvieron con vida la Organización; incluso, durante la dictadura, facilitando con su determinación y compromiso desinteresado, prolongar su existencia hasta hoy.

Recuerdo los debates ideológicos y algunas de las argumentaciones que los abuelos defendían con vehemencia, y sin el dogmatismo que la propaganda, proveniente de un lado y otro, advertía. En cualquier caso, lo que más me impresionó, además de la tristeza que les produjo la división, fue el profundo respeto hacia los que hasta ayer habían sido compañerxs, compartiendo Ideas y organización, incluso amigxs. Recuerdo la enorme desilusión que les produjo saber que Félix Carrasquer, su maestro y amigo, no solo apoyaba la opción reformista, sino que era uno de los ideólogos; es más, no tuvieron ningún reparo en escribirle y mostrarle su desacuerdo, pero la cuestión humana prevaleció por encima de todo.

Fue una época dura la de los ochenta y noventa, pasada la efervescencia de la transición, donde la CNT y lo libertario resurgía con cierta fuerza, llegó el tiempo del cambio de Felipe González y con él, coincidencia o no, el Movimiento Libertario desaparecía, casi, por completo. También fueron determinantes las escisiones surgidas en el 5º Congreso de la CNT en 1979, y la del 6º en 1983. Fueron los años de la pugna judicial por las siglas históricas; en la provincia de Huesca, solo los Sindicatos de Monzón y Fraga consiguieron resistir el embate, y se tardó muchos años en reorganizar el Sindicato en la capital. En el resto de La Regional, únicamente las capitales de provincia consiguieron mantenerse mínimamente, alguno de ellos, con una afiliación tan baja, que a día de hoy la Confederación de la CIT no les permitiría constituirse ni como Sindicato de Oficios Varios.

Muchos de los Sindicatos de pueblos y ciudades pequeñas, reorganizados tras la muerte del dictador, desaparecieron. La Confederación Regional de Aragón-Rioja, contaba con muchas Federaciones Locales repartidas por el territorio, además de Huesca, Zaragoza, Teruel y Logroño, las cuatro capitales de provincia, se encontraban, Alcampell, Alcañiz, La Almunia de Doña Godina, Andorra, Barbastro, Calatayud, Caspe, Ejea de los Caballeros, Fraga, Jaca, Mequinenza, Monzón, Sabiñanigo, Zuera, etc.

Para no continuar alimentando el confusionismo, es necesario recordar los motivos que condujeron a la división. Es cierto que la razón principal fue la de la participación o no en las elecciones sindicales y su consiguiente práctica sindical a través de los comités de empresa, pero no hay que olvidar lo que ese modelo sindical traía aparejado: el delegacionismo, la burocratización, la subvención, “lxs lberadxs”. El abandono progresivo del concepto obrerista y anticapitalista del Sindicato, como ya ocurría en Europa. Es decir, se introducía de facto el parlamentarismo en el mundo del trabajo, con la intención de desbaratar cualquier intento de que el incipiente Movimiento Obrero se organizase al margen del poder. Manera de ejercer un mayor control a través de las “cúpulas dirigentes sindicales”, que eran y son los “agentes” negociadores con la patronal y el Estado. No hay que olvidar que, en un primer momento, hubo otras organizaciones obreras que, también, se oponían a ese modelo, como la UGT.

En poco tiempo estas argumentaciones dejaron de ser “simples conjeturas”, pero a veces tener la razón no basta. La realidad se impuso y el modelo sindical que traían las elecciones sindicales pasó a ser hegemónico, quedando en minoría la “opción anarcosindicalista”. El resto de la historia, la clase trabajadora la conocemos de sobra, por padecerla. En cualquier caso, no está de más añadir al argumentario algunos datos que, sin caer en el simplismo, claman a una reflexión serena. En España los sindicatos son de las instituciones que menos confianza suscitan entre la población; si tenemos en cuenta las encuestas, concretamente las últimas realizadas sobre afiliación, somos el país de la OCDE con el porcentaje más bajo, el 14 %, de la población activa.

Hoy el fantasma de la división vuelve aparecer en escena, por mucho que la Confederación de la CIT o sus dirigentes se empeñen en decir lo contrario o intenten desviar la atención, aduciendo a cuestiones “disciplinarias” o de “usurpación de siglas”. Esta vez, puede parecer que el modelo sindical no es la causa de la división, pero solo es en apariencia; las “purgas”, las expulsiones, las “desfederaciones” de Sindicatos díscolos siguen presentes. Y no olvidemos las “maniobras políticas” como la “auto-expulsión” de la AIT o la imposición del “Gabinete Técnico Confederal” -gabinete de abogados-, convertido en un fin en sí mismo y con una clara tendencia hacia una ampliación por Regionales; todo un entramado para extender de manera encubierta gente a sueldo -liberadxs-. En fin, que lejos quedan las palabras de Joan Peiró: Los objetivos del Sindicalismo no se reducen simplemente a la conquista de mejoras económicas y morales, como son aumento de salarios, reducción de jornada etc., sino que ellos llegan al límite máximo de la oposición al capitalismo y al Estado.

Decir que esta carta no pretende influir al desánimo, más bien lo contrario, tampoco es un punto final. Hay razones para la esperanza y hoy como ayer, hay una “opción anarcosindicalista” que se niega a desaparecer y, pese a las adversidades persiste con optimismo.

Fraga, enero del 2022

J. Carlos Chiné Royes,
albañil, militante anarcosindicalista en el medio rural.




Autor font: Barcelona.indymedia.org