Novembre 7, 2021
Per Ràdio Klara
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El Vaivén de Rafael Cid

<<A fuerza de ponerse de rodillas se llega a tener fe>>

(George Brassens)

Rafael Cid

Al margen de los bloqueos a la carta, resulta llamativo la frecuencia con que las instituciones democráticas se dan de bruces con las verdaderas preocupaciones de las gentes a quienes dicen representar. Una práctica absentista que seguramente tiene mucho que ver con su arrogante inclinación a la autoestima. Impregnadas de la <<metafísica de sus propios ideales>>, que decía el sociólogo Norbert Elías respecto al adanismo revolucionario del marxismo, a menudo no ven más allá de sus intereses y cambalaches, tan ensimismados viven. Es lo que está ocurriendo, aquí y ahora, con el arrasador monopolio cibernético que se va imponiendo como forma de vida, sí o sí, y caiga quien caiga. Un tenebrismo digital que se ceba sobre todo en una gran masa de población incapaz de reeducarse, por pertenecer a la edad tardía o por carecer de empatías tecnológicas, en esos arcanos para sus quehaceres cotidianos. La España expurgada, una categoría incluso más carroñera que aquel <<darwinismo social>> acuñado por el también anarquista Émile Gautier a finales del siglo XIX como patología de lo establecido por Charles Darwin en <<El origen de las especies>>.

Cuando se cumple un siglo de la muerte de Piotr Kropotkin, el sabio ruso que con su <<Apoyo mutuo, un factor de la evolución>> cuestionara la exclusividad competitiva dada por los discípulos del científico británico a sus teorías, una nueva y despiadada  selección favorable a <<los más aptos>> vuelve por sus fueros. No nos referimos ahora a la escabechina laboral que la generalización de la digitalización y la robotización (ubres de la inteligencia artificial y algorítmica)  está provocando a mansalva. Eso es algo que ya nadie con un mínimo de decencia y rigor intelectual puede negar, por más que los paladines del universo virtual glosen los innumerables empleos de retorno que el arraigo de ese modelo teledirigido generará. Esa ya es una batalla perdida desde el momento en que, al socaire de la pandemia, partidos, sindicatos y fuerzas vivas de la sociedad civil han aceptado el trágala del productivismo a distancia como un avance civilizatorio.

Estamos en otra dimensión, mucho menos proponente y mucho más afín a la democracia de proximidad. La que se ventila en estos momentos  de euforia hacia una economía verde y digital financiada a escote con el dinero de todos los europeos bajo el santo y seña de Next Generatión. En sustancia un  formato regado con ansiolíticos clonado de aquel otro rescate de lo privado por lo público que presidió la otra crisis mundial del 2008. Una trasferencia de renta de los ciudadanos a las corporaciones para alumbrar la era de un capitalismo con rostro ecológico con refrendo del Estado. Aquel paradigma descrito en 1824 por Pierre de Mandeville en la <<Fábula de las abejas>>, la pionera obra sobre el espíritu del industrialismo que llevaba el significativo subtítulo de <<Vicios privados, beneficios públicos>>, que desde entonces actúa de banderín de enganche del mundo de los grandes negocios. Los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo sin control ex ante, vulgo paro parcial a costa del erario público, están en esa misma sintonía, por más que se vendan como un hallazgo feliz de la sedicente izquierda en el poder. Aunque los ERTEs por fuerza mayor (ipso facto), utilizados como <<escudo social>> durante la crisis sanitaria, fueran un invento estratégico del PP de Mariano Rajoy.

Pero volvamos a las cosas de comer con los dedos. Imitando a aquel <<que no entre nadie que no sepa geometría>> de la Academia platónica podemos incurrir en la aberración de abismarnos en el derecho de inadmisión contra el que  carezca de habilidades informáticas. Medio país, los más vulnerables, los menos instruidos, los ancianos y jubilados, o los funcionalmente ágrafos en el lenguaje binario de los modernos artefactos de comunicación y computación. Un rechazo que sentimos como humillante descalificación cuando tratamos de hacer gestiones en la banca (las cajas de ahorro de cabecera fueron sacrificadas de un plumazo por el PSOE durante la primera debacle hipotecaria financiera del siglo XXI); resolver una duda con la compañía telefónica; aclarar la factura de la luz con la operadora referencia, y tantas otras cuestiones que adoquinan nuestro día a día de consumidores antes que ciudadanos. Un agobio en vuelto en un tormento si uno ignora los fundamentos de la realidad virtual que procuran las nuevas tecnologías. El talentudo ensayista coreano Byung-Chul Han tiene escrito mucho y bueno sobre lo amenazante de estas flamantes extensiones del hombre como gradiente de dominación. Confirmar que apenas existencia resistencia real ante estas agresiones, aunque el malestar es un hecho constatado allí por donde se mire, es tanto como reconocer el carácter visionario de La Boétie  al constatar que el statu quo se cimenta sobre <<la servidumbre voluntaria>>. Luego cada brinco tecnológico imponía sus propias muescas y atributos.

Ciertamente todo conspira para el llanto y crujir de dientes. Contemplamos impávidos como a las personas mayores que van al banco de toda la vida a sacar algo de la pensión para trajinar hasta fin de mes, se les niega la asistencia directa en ventanilla, proyectándolas hacia la máquina expendedora que ordena y manda los pasos a seguir para recuperar su dinero. Un caótico manejo que deja sus nervios a flor de piel y la cabeza hecha un bombo. Aturdimiento que a la salida del garito puede ser aprovechado por desaprensivos al acecho para trastearles. Una fechoría a la que muchos empleados y los sindicatos del ramo se han plegado dócilmente porque nadie puede ir contra el progreso, pero el progreso si puede impactar contra nosotros. 

Perdemos algo más que el tiempo y la paciencia cada vez que llamamos a un teléfono <<de atención al  cliente>> (¡tiene guasa!) para una consulta y nos vemos obligados a recorrer un itinerario numérico dictado por ventrílocuos que, si hay suerte, nos conducen al final a una respondedora (suelen ser mujeres) analógica desde territorios ignotos. Y cuando lo que nos pide el cuerpo es tildar de estafadora a la compañía de referencia,  la voz suplicante de <<atención al cliente>> nos conmueve la conciencia. <<Señor, recibirá una llamada para que valore la gestión hecha y le gradecería su colaboración>>. O sea, ya no es solo el sistema de autoexplotación en que estamos insertos, sino que además, como en el cuadro de los garrotazos de Goya, el fruto de nuestro legítimo enfado por el mal servicio recibido puede derivar en un castigo para <<los escudos humanos>> de que se sirve la empresa como desviar sus atropellos. ¡Somos víctimas, luego cabalgamos!

Y mientras, los autodenominados sindicatos representativos, CCOO y UGT, ponen pista de baile a la gran banca a la hora de formalizar los despidos colectivos (EREs al por mayor) que la ley de Arquímedes  de la informatización conlleva (la cuantía del sistema de digitación introducido en una empresa es equivalente a la cantidad de despidos que desaloja). Desalojados para dejar sitio la inteligencia artificial: CaixaBank (6.452 salidas), donde el Estado posee el 16% de su capital (que trae causa de los 22.424 millones de los contribuyentes inyectados para salvar a Bankia en el austericidio); Sabadell (1.380); y Santander (3.572). Pactan despidos a comisión al por mayor (¡a partir de los 52 años!)  y lo llaman diálogo social. En un país con el mayor paro absoluto y juvenil de la UE y un problema de sostenibilidad en las pensiones apabullante. ¿Por qué? Y por qué no, si estas centrales se llevan un zurrón por su intermediación en los EREs, tanto más suculento cuanto mayor sea la destrucción de empleo. Todo ello sin que nadie se escandalice por poner al zorro a cuidar del gallinero. ¿No fueron estas organizaciones mancomunadamente las que protagonizaron en Andalucía el mayor caso de corrupción económico-administrativo habido en España desde la transición con el visto bueno del Gobierno socialista allí rampante? ¿Y las tarjetas black, no fueron condenados significados dirigentes de CCOO y UGT por ese mamoneo? Esta lógica matapobres tiene solera. Ambos sindicatos enarbolan el lema que hizo famoso la dama de hierro, Margaret Thatcher: no hay alternativa. Un copia y pega desde la otra orilla que viene a significar: como alguien lo tiene que hacer, nadie mejor que los <<representantes de los trabajadores>>. Remember: las luces largas de la memoria histórica no deben cegar las huellas del presente.

Lo que tampoco se entiende bien es que ante el galopante atropello del <<darwinismo digital>> en marcha, los sindicatos de proximidad no tengan nada que decir, o si lo ha hecho no hayan puesto demasiado voluntad ni ingenio para trascenderlo de su condición minoritaria. El <<nicho de mercado clientelar>> que suponen los millones de personas integrantes de esa España expurgada que ven vapuleados sus derechos más primarios, es la típica inversión que ha saludado siempre a los inspirados que han sabido ir contracorriente creando una cadena de valores en respuesta a lacerantes necesidades reales. Ollar en los mismos surcos que los que ostentan el marchamo oficial suele suponer resignarse a la subsidiaridad más precaria. Si nadie escucha el grito sordo de esa España expurgada, cuya extremaunción llegará con la asistencia sanitaria no presencial, la indignación de tantas personas arrolladas por la deshumanización tecnológica puede prender la mecha que alumbre a movimientos reaccionarios. La naturaleza aborrece el vacío y la función crea el órgano.

Llegados a este punto, como en tantas otras coyunturas epocales, la cuestión crucial es saber, si como parece lo que pasa es que no sabemos lo que nos pasa. Doctores y fulanos tiene la Iglesia, pero una cosa es cierta, estamos ante una inversión inédita de selección por adaptación a un medio artificial. Lo que el tándem Darwin-Kropotkin consideraba como un factor de la evolución, uno fundamentalmente a través de la competencia y el otro mediante la cooperación, con el cambio tecnológico ha mutado el registro tradicional. Mientras en la teorización clásica era la naturaleza primigenia la que imprimía la selección, ahora esa naturaleza fundante ha sido sustituida por la prótesis cibernética. Es por tanto la <<naturaleza tecnológica>>, hoy globalmente hegemónica, la que determina la selección por adaptación al medio, con la desgarradoras consecuencias que estamos viendo. Aunque la sentencia es parecida: sobrevive el que se adapta al medio, fenece quien se queda atrás (la retórica oficial porfía <<para que nadie se quede atrás>>). Es la profética destrucción creadora de Schumpeter: el vivo al bollo y el muerto al hoyo.

Si el darwinismo digital se adopta sin remisión, menospreciando a los colectivos menos versátiles, la masacre de los mayores en las residencias en la primera ola del coronavirus habrá sido el preludio de una marginación estructural en tiempo real de la población senior. Y a la crónica desigualdad social y económica, se unirá otra tecnológica que es además instrumental y generacional. La cuerda siempre se rompe por el sitio más débil. Do-re-mi-fa-sol-la-si…

(Nota. Este artículo se ha publicado en el número de Noviembre de Royo y Negro)




Autor font: Radioklara.org